En Argentina, el mate es la bebida nacional por antonomasia; un ritual que reúne a todos sin importar el cuándo ni el porqué. Sin embargo, detrás de la yerba y la bombilla, hay una realidad que enciende signos de alarma: muchos productores se niegan a cosechar, lo que trae consecuencias negativas para la vida de los campesinos y sus comunidades.
El impacto de la crisis en los yerbales de Misiones
En el noreste argentino, los yerbales se extienden por diversas regiones de Misiones y son el terreno fértil de alrededor de 12.000 pequeños productores. En este escenario de explotación minifundista, la crisis golpea directamente el sustento familiar.
Jonás Petterson, productor vinculado con la actividad desde sus antepasados, explica la situación: ante el escaso valor que se paga por la hoja verde, tanto él como sus allegados se niegan a cosechar. "Cuando teníamos todo, se decidió cambiar por nada", afirma, mostrando su preocupación por el futuro de las nuevas generaciones. Para muchos, el acopio de maíz se ha convertido en la tarea que reemplaza su obligación natural.
La situación económica es crítica: el precio actual del kilo de hoja verde no supera los 20 centavos de dólar, una caída drástica frente a 2023, cuando se pagaba más del triple. Según los productores, la falta de precio de referencia se debe a que el Estado nacional dejó de actuar como árbitro en el comercio.
Desarraigo y familias desmembradas
La crisis ha provocado el fenómeno del desarraigo en ciertas localidades, como Comandante Andresito. En las calles se nota la ausencia de hombres adultos, quienes se han ido en busca de un horizonte más prometedor.
Esta realidad afecta profundamente a los menores. En el Bachillerato Orientado Popular n.º 124, la directora, Fabiana Vázquez, relata cómo las familias quedan desestructuradas, con padres ausentes y abuelos a cargo de los niños. Entre los estudiantes, el caso de Cristian Gómez ilustra este dolor: su padre emigró a Brasil hace meses y él, a sus 17 años, debe cuidar a su familia en Argentina.
En el Barrio 20 de Junio, hay espacios de contención donde intentan mitigar la angustia de las familias desmembradas, entre ellos el que dirige Ana Cubilla. Allí, las mujeres han reemplazado la sierra por las máquinas de coser, confeccionando ropa para evitar que el desarraigo y el trabajo infantil sigan ganando terreno.
El éxodo hacia Brasil en busca de dignidad
Ante la falta de opciones, la frontera con Brasil se ha convertido en un camino rápido para escapar de la conmoción que vive el sector. En localidades, como Alba Posse, se registra un paso diario promedio de 500 trabajadores hacia el país vecino.
En la región de Río Grande do Sul, se encuentran condiciones que en Misiones parecen inalcanzables. Por ejemplo, Amizade es una de las empresas en las que los trabajadores argentinos son valorados por su alta capacidad de producción.
Para los tareferos, entre los que se cuenta Isaías Mendoza, la decisión de emigrar fue una cuestión de supervivencia: "O te morís o sobrevivís, tenés que vivir en otro país para poder vivir". Por su parte, Gustavo Ramírez, que también trabaja en Brasil, busca la estabilidad que no pudo hallar en su tierra: "En Brasil puedo ganar más... para poder pagar mis cuentas y dar de comer a mi familia".
Detrás de cada cebada, se esconde la lucha por la supervivencia de una industria que, aunque se enfrenta a un panorama de asfixia, sigue siendo el motor de miles de vidas.