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Venezuela bajo un nuevo panorama: ¿qué podemos esperar?

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Venezuela bajo un nuevo panorama: ¿qué podemos esperar?

Los eventos del 3 de enero en Venezuela han impactado la política, tanto en América Latina como a escala global. Pero, en pleno epicentro, el gobierno chavista mantiene un importante margen de maniobra. El escenario más probable es que durante los próximos meses se siga consolidando en el poder, enfrentando presiones descomunales, pero haciendo tiempo, debilitando a sus adversarios políticos y buscando alternativas para fortalecer su posición política y económica.

El impacto del 3 de enero

Cuando vemos la actual escalada hacia Cuba, el ataque militar a la banda más poderosa del narco en México en cooperación con la inteligencia de EE.UU., las sanciones a funcionarios chilenos por haber avanzado en la instalación de un cable submarino hacia China, las ocupaciones del gobierno de Panamá a los puertos propiedad de empresas chinas, todas acciones de los últimos días, podemos inferir que los resultados de la operación en Venezuela a comienzos de año fueron un catalizador para el desarrollo pleno del "corolario de Trump" (de la doctrina Monroe) a lo largo y ancho de América Latina. Hasta en la forma como se está implementando el cerco militar en Irán se percibe el olor a "victoria temprana" que tuvo Washington en el Caribe. 

Si así está la región, en el objetivo de los bombardeos de enero las tensiones son superlativas. Todos los actores políticos en Venezuela, como es lógico, se han visto profundamente afectados y en líneas generales hay una modificación del terreno simbólico. Sin embargo, el escenario de la estabilización del gobierno chavista en medio de un clima de pacificación general, se va asentando. Altos funcionarios de Washington visitan Caracas cada quince días para reunirse con actores políticos que oficialmente están en "listas negras" de la OFAC y del Departamento de Justicia de EE.UU. Mientras, el bloqueo va cediendo y el petróleo venezolano comienza a irrigar mercados que tenía prohibidos.

En un país acostumbrado desde hace cien años a la renta petrolera, pero que lleva diez años asediado por crisis, disturbios, bloqueos financieros, esta nueva situación genera unas expectativas inmejorables para una economía en crecimiento desde 2022. 

Y es en este contexto en el que llega la Ley de Amnistía.

Amnistía

La Ley de Amnistía ha sido la forma más expedita como la gestión de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, junto con el chavismo y la oposición parlamentaria, ha realizado un giro político, una transformación interna del gobierno que busca 'pasar la página' de la alta conflictividad de los últimos años. 

Las fuerzas políticas internas en Venezuela mantienen el control total del país y van ganando confianza para futuras decisiones soberanas.

Según el diputado oficialista Jorge Arreaza, presidente de la comisión parlamentaria encargada de ejecutar la Ley, han recogido más de 4.000 solicitudes de aplicación de la misma y más de 3.000 personas bajo régimen de presentación han recibido libertad plena. Por otra parte, han regresado las ruedas de prensa de partidos opositores: se ha generado de facto un cambio del clima político. Este nuevo ambiente baja la pugnacidad, mientras que Washington le suelta la mano a los actores que demandan una ocupación prolongada de EE.UU. Al menos por ahora, la opción de María Corina Machado languidece, ya que no garantiza el orden interno que requiere la nueva geopolítica. Esto es clave, porque la forma como se impuso todo el andamiaje tecnológico, informático y militar el 3 de enero, que permitió una acción relámpago (muy diferente a las que nos tenían acostumbrados los estadounidenses en el mundo), también tiene, por otra parte, un contrapeso y una gran debilidad: las fuerzas ocupantes no pudieron establecerse en el territorio, lo que hace que las fuerzas políticas internas mantengan, aunque bajo amenaza, el control total del país y vayan ganando confianza para futuras decisiones soberanas.

Es aquí donde la Ley de Amnistía busca superar el ambiente de zozobra que se instaló después de las elecciones presidenciales de 2024. También procura que los actores políticos díscolos reconozcan el establecimiento actual, lo que le quita preponderancia a los actores más radicales ubicados en el extranjero, que tenían el tema de los presos políticos como eje de movilización. Entonces, en línea general, podría resumirse que la aplicación de esta Ley genera una mayor gobernanza y, sobre todo, pone el foco principal en lo que sucede a lo interno de Venezuela y no afuera, donde aún pululan sujetos que quieren una reedición de lo ocurrido el 3 de enero.

Pareciera que el escenario, a mediano plazo, no va a cambiar en Venezuela. Claro, habría que ver cómo se desenvuelve el conflicto en Irán, en tanto podría haber una mayor agresividad estadounidense hacia el país caribeño si logra otra victoria fácil y el control sobre el petróleo iraní. Pero por el momento, la figura de Rodríguez genera consenso en un amplio espectro, que va desde los halcones de Washington hasta los chavistas, lo que implica una garantía de paz que parece estabilizarse.

A largo plazo, lo que suceda tendrá que ver mucho en como se desenvuelve la política en EE.UU. Después del 3 de enero, los gobiernos de izquierda de Latinoamérica no tienen mucho margen de maniobra y no pueden hacer mucho más que ceder algunos aspectos y negociar con la Casa Blanca mientras esperan un debilitamiento del trumpismo desbocado. El foco se traslada entonces a los predios norteamericanos, especialmente a la elección de medio término en noviembre, que podría significar un terremoto para la actual Administración.

Los niveles de conflictividad internos crecen, el Partido Republicano va perdiendo en cascada un conjunto de elecciones locales y regionales,  la Corte Suprema comienza a tomar medidas contrarias al gobierno a pesar de su mayoría conservadora y las manifestaciones hacen ceder al gobierno en Minesota, todo un cóctel que abre escenarios difusos, de pugnacidad e incluso de probable 'impeachment' (como el propio Trump ha reconocido) que nos recuerdan los sucesos del Capitolio, en enero de 2021. Esto hace que la estrategia más válida, para una América Latina sacudida por la belicosidad de la Administración Trump, sea la cordura mientras se gana tiempo, para ver (con cotufas en mano) cómo se desarrolla la política doméstica estadounidense. 

Si durante muchas décadas tuvimos escenarios estables en EE.UU., y variedad de escenarios de conflicto profundo en América Latina, hoy resulta lo contrario. Los altos niveles de inestabilidad se han mudado a EE.UU., y lo que suceda allí va a afectar los múltiples panoramas a todo lo largo de la región.

Toca tener paciencia.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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