La canciller de la Unión Europea, Kaja Kallas, podría ser una espía o agente secreta al servicio del Kremlin. A primera vista, esta hipótesis podría parecer una locura, pero prestemos atención a los hechos y retomemos este argumento más adelante.
Lo cierto es que Kallas, en la práctica, está destruyendo en realidad las capacidades diplomáticas del grupo. Esto no tiene nada de nuevo y viene sucediendo de forma vertiginosa desde que la ex primera ministra estonia asumió el cargo en diciembre de 2024.
En apenas un año y medio, Kallas ha hecho más daño a la diplomacia de Bruselas que Josep Borrell en cinco. Lo que no debe tomarse como un halago para su antecesor en el cargo, sino como una justa descripción de la presente gestión en política exterior unioneuropea. O, parafraseando cierta famosa expresión, de 'diplomala' pasaron a 'diplopeor'.
Malestar creciente en Bruselas
Desde el inicio de su carrera política, la línea intransigente de Kallas con Rusia ha sido su principal capital político. Sin embargo, esa postura también le ha granjeado críticas dentro de la Unión Europea, por resultar totalmente anti-pragmática, por no decir fantasiosa o ingenua: para la funcionaria, ningún escenario que no suponga la implosión completa o la derrota sin contemplaciones de Moscú es concebible.
Esta obsesión con Rusia —a pesar del ambiente rusófobo imperante en la zona— no siempre es bienvenida por toda la dirigencia política en la Unión Europea, por considerarla contraproducente. Por ejemplo, poco después de que asumiera su actual rol, Kallas ya era criticada por analizar toda la geopolítica global "a través del prisma ruso".
Es decir, si estalla un conflicto en, por decir, Polinesia, en lugar de pedir un mapa y analizar la crisis en profundidad para definir la estrategia diplomática de Bruselas de la forma más sensata y ventajosa, la principal responsable de la diplomacia del eurogrupo se centraría en tratar de averiguar cómo esa situación podría favorecer a Rusia de alguna forma para, seguidamente, hacer todo lo necesario por impedirlo.
Esta estrategia 'rusomaníaca' ha provocado un cada vez más acentuado alejamiento diplomático y geopolítico del Sur Global respecto a la Unión Europea.

Pero las críticas, incomodidades y malestares de funcionarios unioneuropeos con la máxima responsable diplomática no se reducen a sus posturas con Rusia, sino también a algunas de sus declaraciones respecto a China. Como, por ejemplo, cuando, en meses recientes, declaró que la relación económica de la Unión Europea con el gigante asiático era como una enfermedad que debía tratarse o con morfina o con quimioterapia, lo que, en la práctica, es como que hubiera llamado "tumor" al principal socio comercial de Bruselas. ¡Éeeexito!
Todo este ruido continuo durante los 18 meses que lleva en el cargo Kaja Kallas se fue acumulando hasta el punto de que hoy no son pocos los que quieren reformar la diplomacia europea por completo. Aunque todavía está en fase de discusión, Francia y Alemania quieren transformar radicalmente las relaciones exteriores del grupo y no son pocos los analistas que consideran que detrás de esa propuesta de "reorganizar" las estructuras diplomáticas de Bruselas, dizque para volverlas más "eficaces", está, en realidad, el deseo —inconfesable, en público al menos— de quitar poder a su principal funcionaria, para que no haga más daño y revertir el ya hecho en la medida de lo posible.
En otras palabras, desde su llegada a lo más alto de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas no ha hecho más que afectar —para mal— los intereses exteriores de Bruselas con su obsesión rusofóbica.
El mejor disfraz para un agente ruso
Retomemos ahora la romperdora tesis que se proponía al principio de este artículo. En el mundo del espionaje, la infiltración y los agentes encubiertos, no todo se trata de obtener información o favorecer una determinada agenda, no. En algunos casos, los infiltrados se dedican, más bien, a generar caos en el seno de organismos hostiles, fomentando divisiones, radicalizando posturas para desequilibrar o exponer contradicciones, etc. Ven ya por dónde va la hipótesis, ¿verdad?
Y, en el caso que nos ocupa, el mejor disfraz para un agente ruso no es alguien que viva en la Unión Europea y defienda públicamente a Moscú de las acusaciones de Bruselas, sino justamente alguien tan, pero tan rusófobo, que casi parezca la parodia de un rusófobo. La última persona sospechosa de jugar para Moscú. Y nadie mejor que Kaja Kallas para cumplir ese papel.
¿Qué tal que la joven Kaja fuera captada como agente durmiente cuando era jóven, interpretando durante años el papel de típica rusófoba, a la espera de posteriores instrucciones de Moscú?
Si su probada capacidad de infligir un daño decisivo a las instituciones europeas, arrastrándolas a una rusofobia suicida, no les parece suficiente indicio, no olviden que la funcionaria nació y se crió en la Unión Soviética, hija de un funcionario bien situado que llegó a dirigir el principal banco de la Estonia soviética y hasta el periódico del Partido Comunista estonio. ¿Qué tal que la joven Kaja fuera captada como agente durmiente entonces, interpretando durante años el papel de típica rusófoba, a la espera de posteriores instrucciones de Moscú?
Según ese enfoque, llegado el momento, la agente encubierta rusa Kaja Kallas se habría dedicado a exacerbar la rusofobia comunitaria hasta extremos grotescos, con la intención de volverla un arma más perjudicial para Bruselas que para Moscú, del mismo modo que agentes encubiertos policiales en ocasiones exacerban la radicalidad de grupos ya radicales para que estos implosionen solos.
Piénsenlo. La funcionaria que —supuestamente sin pretenderlo— deja más en ridículo la política exterior de Bruselas habla ruso nivel nativo desde que nació y no hace más que hablar de Rusia, posicionándola todo el tiempo en la agenda geopolítica.
Sí, podría ser solo una casualidad y que apenas se trate de la canciller más inepta de la historia, fiel reflejo de la decadencia política y moral de la Unión Europea. O tal vez estemos ante la operación encubierta más brillante desde tiempos de la Guerra Fría. Tal vez solo Kaja Kallas tenga la respuesta. O tal vez ni ella misma esté segura. Tal vez estemos hablando en broma… o tal vez estemos siendo más serios que nunca antes.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.


