Después de más de una década proscritos, los paratletas rusos y bielorrusos pudieron volver a competir en casi casi igualdad de condiciones a deportistas de otros países.
Por ejemplo, por primera vez desde 2014, pudieron hacerlo bajo su bandera e himno, pero solo en disciplinas individuales, quedando todavía vetados en las de equipo.
Además, dado que la decisión de permitirles participar sin tantas imposiciones se había tomado hace relativamente poco, en septiembre de 2025, los aspirantes a participar no pasaron por las pruebas clasificatorias, sino que dependieron de que el Comité Paralímpico Internacional los invitara discrecionalmente.
Con apenas seis competidores, Rusia obtuvo ocho medallas de oro, una de plata y tres de bronce, quedando tercera en el medallero
Así, apenas seis atletas rusos y cuatro bielorrusos pudieron estar presentes en Milano-Cortina. Para que se hagan una idea, las representaciones más numerosas, las de China y EE.UU., rondaban los 70 participantes cada una.
Sin embargo, a pesar de que Rusia estaba en el puesto 24 en cuanto a cantidad de participantes, concluyó tercera en el medallero. Ver para creer: con apenas seis competidores, Rusia obtuvo ocho medallas de oro, una de plata y tres de bronce, para un total de 12, solo por detrás de China (la ganadora) y EE.UU. Es decir, la delegación rusa obtuvo, en promedio, dos medallas por competidor, convirtiéndose en una de las delegaciones proporcionalmente más exitosas de la historia paralímpica, sino la más.
Esto fue posible gracias al extraordinario desempeño de Anastasía Baguiyán y sus tres oros en diversas modalidades de esquí de fondo; Varvara Voronchíjina, que cosechó dos doradas, una plateada y otra cobriza en cuatro disciplinas dentro del esquí alpino; Iván Golubkov y sus dos oros en sendas distancias de esquí de fondo; y Alexéi Bugáyev, que terminó con un oro y dos bronces en tres modalidades de esquí alpino.
Otra previsible pataleta ucraniana
Por supuesto, la presencia de Rusia en particular y los juegos en general no estuvieron exentos de polémicas.
Por un lado, para variar (y tal como ocurrió en los JJ.OO. clásicos de pocas semanas atrás, celebrados en la misma sede), en Kiev protagonizaron pataletas diversas desde hace seis meses, cuando se anunciaron las medidas que permitían la inclusión de rusos y bielorrusos con menos restricciones que hasta ahora.
Inicialmente, el Comité Paralímpico Ucraniano amenazó con boicotear los juegos y otras naciones dijeron que harían lo mismo. En 2022 la pataleta les había salido bien y los deportistas rusos y bielorrusos fueron 'invitados' a abandonar la villa olímpica, en un episodio bochornoso que, cómo no, pasó mediáticamente desapercibido.
En esta ocasión, sin embargo, su pataleta fue mayormente ignorada por las autoridades paralímpicas y, finalmente, la delegación deportiva ucraniana acudió al evento, aunque boicoteó la ceremonia inaugural junto a otras delegaciones 'amigas', como las de Chequia, Estonia, Finlandia, Letonia y Polonia. Por cierto, esos seis países juntos apenas consiguieron la mitad de oros que Rusia, a pesar de contar, en conjunto, con once veces más competidores.
Desde 'Zelenskilandia' anunciaron la aplicación de sanciones contra diez paratletas rusos, añadiendo un extra de delirio a su ya habitual sobredosis de rusofobia
A los propios bielorrusos, con apenas cuatro representantes, también les fue mejor que a polacos, estonios, letones y fineses.
En fin, la conclusión a este respecto es que mientras no se incluyan disciplinas como 'pataleta sobre hielo' o 'berrinche alpino', la mayoría de ellos seguirá al fondo del medallero por mucho tiempo.
Además, al igual que sucedió con el competidor del casco el mes pasado en el mismo lugar, algunos deportistas ucranianos trataron de lucir mensajes políticos –no del todo sutilmente camuflados– en sus uniformes, como el mapa del país con las fronteras que reclama Zelenski (Crimea inclusive), pero el Comité Paralímpico Internacional se mostró inflexible y no lo permitió. Al contrario que el caso del casco, en esta ocasión ninguno de ellos insistió y pudo competir sin problemas.
Finalmente, como probable reacción al éxito de Rusia en el medallero, desde 'Zelenskilandia' anunciaron la aplicación de sanciones contra diez paratletas rusos, añadiendo un extra de delirio a su ya habitual sobredosis de rusofobia.
Rusofobia alemana
Sin embargo, el incidente más llamativo de los JJ.OO. relativo a la presencia de competidores rusos y bielorrusos no lo protagonizaron ucranianos, sino alemanes.
Durante la ceremonia de premiación de uno de los tres oros cosechados por Anastasía Baguiyán y su guía Serguéi Siniakin, los medallistas de plata, Linn Kazmaier y su guía Florian Baumann, se rehusaron a sacarse los gorros y dieron la espalda a las banderas mientras sonaba el himno ruso.
Posteriormente, ambos dijeron —de forma algo adornada, todo sea dicho— que lo hicieron como protesta por la presencia de paratletas de Rusia en la competencia en igualdad de condiciones con los ucranianos.
Instantes después, en una circunstancia más informal, cuando una persona pidió a la pareja deportiva alemana tomarse una foto con los otros ocupantes del podio, el guía declinó la invitación, sin disimular su desagrado.
El regreso de Rusia como mal menor
Así, mientras la polémica se centraba en el regreso de Rusia y Bielorrusia (con todo y que fuera sin equipos y con apenas un puñado de participantes), la noticia de que el único paratleta iraní clasificado para el evento no pudiera acudir a la competencia debido al ataque estadounidense e israelí contra su país y que las delegaciones de los agresores estuvieran presentes en Italia sin ninguna limitante ni polémica de ninguna clase y sin que nadie les hiciera escenitas en el podio, pasó prácticamente desapercibido.
Y, aunque tal vez no lo parezca, existe una sutil relación entre ambos casos. Porque, aunque en el papel, el Comité Olímpico Internacional y su par paraolímpico son independientes entre sí, lo cierto es que trabajan de forma articulada en muchos aspectos.
Por otro lado, el hecho de que, en el segundo caso, se esté permitiendo paulatinamente el retorno de Rusia y Bielorrusia llama poderosamente la atención. ¿Por qué? Pues porque el principal 'motivo' aducido por ambos entes para expulsarlos en 2022 no ha variado: el conflicto rusoucraniano sigue activo.
¿Por qué entonces, poco a poco, empiezan a abrir la mano? Pues no es difícil intuir que ya no hallan cómo justificar por qué echaron a Rusia y Bielorrusia hace cuatro años, pero desde 2023 no han sido capaces de expulsar aunque solo fuera a un deportista israelí, a pesar del genocidio en Gaza. Ni por qué no han tomado ni tomarán medidas contra competidores estadounidenses e israelíes, en plena agresión contra Irán.
Así, en la disyuntiva entre castigar a atletas del 'mundo libre' o permitir que regresen atletas de la 'jungla' a la alta competición, claramente se decantan por la segunda como mal menor. Y, sin duda, el hecho de que, de momento al menos, en el paralimpismo se comience a terminar con una injusticia histórica es una excelente noticia que merece celebrarse.
Pero no conviene hacerse muchas ilusiones ni esperar demasiado de los organismos deportivos del 'mundo basado en reglas'. Porque todo indica que no están tomando estas medidas porque hayan reflexionado y consideren que se equivocaron gravemente hasta el punto de prometerse que no volverán a hacerlo, sino que ya no soportan más el peso de unos dobles raseros tamaño récord que trataron de sostener durante demasiado tiempo.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.


