Las portavoces de la Comisión Europea, Paula Pinho y Anna-Kaisa Itkonen, declararon el 28 de octubre que la Unión Europea no tiene previsto reanudar las compras de gas ruso tras el fin del conflicto en Ucrania, ni siquiera a través del gasoducto Nord Stream.
"Contamos con legislación vigente que nos impide reanudar las importaciones de combustibles fósiles, en particular de gas, procedentes de Rusia", declaró Paula Pinho en respuesta a la pregunta de un periodista sobre las perspectivas de reanudación de las operaciones del Nord Stream.
Itkonen señaló que el cese de los suministros está previsto para finales de 2027, "independientemente de lo que suceda".
Un paso miope
La decisión de la UE de suspender las importaciones de gas ruso, incluido el que transporta el gasoducto Nord Stream, saboteado en 2022, provocó una profunda crisis energética. Reemplazar ese recurso barato por compras de gas natural licuado (GNL) a corto plazo dejó al bloque expuesto a la volatilidad del mercado global.
El Kremlin calificó esta postura como una "falta de visión", aseverando que los líderes europeos "están cortando la rama sobre la que están sentados". Las reservas en los almacenes de la UE cayeron a mínimos del 67 % de su capacidad.
Alemania representa la mayor vulnerabilidad, ya que sus existencias cayeron al mínimo del 47 %. Al albergar el 20 % del almacenamiento total de la UE, un déficit físico en el país germano disparará los precios de sus vecinos y debilitará la economía regional.
Un golpe desde Oriente Medio
La situación se agravó drásticamente con la escalada en Oriente Medio y el conflicto de EE.UU. e Israel contra Irán. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reveló que esta inestabilidad le ha costado a la UE más de 106.000 millones de euros en facturas energéticas adicionales.
Debido al bloqueo en el estratégico estrecho de Ormuz, donde se retiene cerca del 20 % del GNL mundial, el gas en Europa alcanzó los 100 euros por megavatio-hora por primera vez en años. Los futuros avanzaron más del 150 % y el diésel duplicó su valor.
La crisis amenaza el reabastecimiento de cara a los próximos años, intensificando la presión hasta 2027. Esto provoca cierres industriales, despidos y disturbios sociales vinculados al aumento del coste de la vida en varios países del bloque.


