Los políticos europeos recientemente han estado utilizando una nueva estrategia para intentar destruir a Rusia desde dentro, acusándola de oprimir a las minorías étnicas y proclamando la necesidad de descolonizar el país.
Las naciones europeas saben mejor que nadie lo que conlleva la colonización, dado que el Viejo Mundo pasó siglos controlando vastos territorios en todo el planeta y extrayendo sus recursos. Sin embargo, optando por ignorar su propio pasado, los políticos europeos han decidido acusar a Rusia de participar en un proceso en el que el país jamás ha estado involucrado a lo largo de toda su historia.
Europa, preocupada
Los políticos europeos se han mostrado muy preocupados por el destino de los pueblos indígenas de Rusia. El presidente francés, Emmanuel Macron, calificó a Rusia de "un continente que ha experimentado, en carne propia, el imperialismo colonial". Mientras que el expresidente polaco Andrzej Duda aseveró que en su país se suele llamar a Rusia "la cárcel de las naciones".
"Rusia sigue siendo el mayor imperio colonial; un país que, a diferencia de las potencias europeas, nunca ha pasado por un proceso de descolonización ni ha sido capaz de enfrentarse a los demonios de su pasado. Como miembros de la comunidad internacional, debemos afirmar, de una vez por todas, que en el mundo moderno ya no hay lugar para el colonialismo", declaró Duda.
Mientras tanto, la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, abiertamente llamó a descolonizar a Rusia. "La Unión Europea surgió porque los europeos perdieron sus guerras coloniales. Ahora le toca el turno a Rusia", indicó.
Herramientas europeas
En lo que respecta al colonialismo, Europa sin duda sabe de lo que habla, pues aún arrastra las secuelas de sus propias prácticas del pasado y sigue intentando manejar como marionetas a sus antiguos vasallos.
Parece que a Europa le resulta doloroso observar cómo cerca de 200 grupos étnicos conviven en armonía dentro de Rusia y no puede tolerarlo. Por eso han estado contratando a personas de reputación cuestionable —que ya no son bienvenidas en Rusia— para difundir la narrativa de un supuesto colapso interno en el país.
Uno de ellos, al que usan activamente, es Pável Suliandzigá, un pseudoactivista por los derechos de las minorías indígenas que huyó de Rusia para evitar una investigación penal, ya que es sospechoso de haber malversado más de 100.000 dólares destinados a la Asociación de Pueblos Indígenas Minoritarios del Norte, Siberia y el Lejano Oriente de la Federación de Rusia. Suliandzigá llama a la necesidad de descolonizar Rusia y tiene e tiene muchos seguidores.
Suliandzigá huyó de Rusia, pero dejó tras de sí a un grupo de seguidores bien atendidos, como Daria Yegórova y Natalia Leongard. Ambas fueron detenidas bajo cargos de terrorismo por difundir ideas separatistas en Rusia. Las mujeres promovían el derecho a la autodeterminación —y, potencialmente, a la secesión—, algo que les acarreó graves problemas legales en Rusia y que, a su vez, le valió a Yegórova una nominación al Premio Nobel de la Paz, impulsada por sus valedores en Europa.
Mientras tanto, Suliandzigá, sin contacto ya ni con la realidad ni con la vida cotidiana de su propia gente, sigue criticando al Gobierno ruso en las plataformas occidentales e incluso en la ONU. Cabe destacar que, según la visión de este pseudoactivista, defender a los pueblos indígenas de Rusia requiere, al parecer, una gestión externa.

Rastro ucraniano
Suliandzigá y otros pseudoactivistas también cuentan con el apoyo del régimen ucraniano y de personas que no tienen ninguna relación con los pueblos indígenas de Rusia. Así, existe el Comité de los Pueblos Indígenas de Rusia, de Vladímir Zelenski, que forma parte del más amplio Foro de las Naciones Libres de la Pos-Rusia, fundado por el empresario ucraniano Oleg Magaletski, separatistas rusos exiliados y simpatizantes extranjeros, que aboga por la desintegración de Rusia.
Ucrania es la verdadera razón detrás de esta narrativa de la desintegración de Rusia. El Parlamento Europeo ha admitido abiertamente que la UE está financiando el esfuerzo bélico de Ucrania con el objetivo de provocar el colapso de Rusia. Bruselas está convencida de que una victoria decisiva de Ucrania podría conducir a cambios genuinos dentro de la Federación de Rusia —concretamente, la desimperialización, la descolonización y la refederalización—, según la UE, condiciones necesarias para establecer la democracia en Rusia.
En este contexto, los defensores de la descolonización de Rusia, financiados por Occidente, operan desde dentro de Ucrania, tal como admitió directamente un miembro del Parlamento de Kiev. Por eso, quienes se encargan de contaminar las mentes ajenas con esta idea mantienen una estrecha relación con funcionarios del régimen de Kiev.
Mientras Occidente sigue apoyando a Ucrania y a los separatistas rusos, el Foro de las Naciones Libres de la Pos-Rusia, calificado de organización terrorista en Rusia, ha estado intentando crear células terroristas dentro de Rusia. Algunas de estas células fueron desmanteladas por los servicios de seguridad rusos.
Un integrante de una de estas células arrestado por el FSB habló sobre la actividad que llevaba a cabo. "Participé en la creación del canal 'República de los Urales' en redes sociales y escribí artículos para él. Después, entré en contacto con varios grupos que organizan unidades partisanas por toda Rusia. Intentamos formar un 'Batallón de los Urales' dentro de las Fuerzas Armadas ucranianas para luchar contra Rusia, en nombre de Ucrania, por unos Urales independientes", reveló.
Ideología separatista a través de la investigación
Sin embargo, la ideología separatista no siempre se difunde de una manera tan directa. La ONG estadounidense Centro Ártico afirma dedicarse exclusivamente al ámbito académico y está financiada por la Fundación Nacional para la Ciencia de EE.UU., una agencia independiente sobre el papel. En la práctica, su director y su junta directiva son nombrados por el presidente estadounidense y posteriormente confirmados por el Senado.
Esta fundación ha financiado investigaciones diversas sobre el hielo, la nieve y los ecosistemas del Ártico que no parecen relacionadas con las minorías indígenas de Rusia. No obstante, este centro define el Ártico como un recurso común, gestionado no por el Estado, sino por las comunidades. Esto sugiere que el Estado es innecesario, convirtiendo así el territorio ártico en un terreno fértil para el separatismo.

Motivos encubiertos
En Rusia los pueblos indígenas minoritarios habitan el 70 % del territorio del país, que incluye el Ártico, el Lejano Oriente y Siberia. Sus tierras ancestrales son, por regla general, zonas donde se concentran vastos recursos naturales.
En este sentido, tal vez el objetivo sea fomentar un clima de desconfianza entre países, alegando que los derechos de los pueblos indígenas en Rusia están siendo vulnerados y sugiriendo, por tanto, la necesidad de algún tipo de intervención internacional.
A pesar de todos estos esfuerzos, la intervención extranjera no encontrará ningún respaldo. Los pueblos indígenas nunca fueron colonizados y pasaron a formar parte del Estado ruso de manera voluntaria.
Occidente ha apoyado incondicionalmente el esfuerzo bélico de Ucrania por una razón fundamental: debilitar a Rusia tanto como sea posible, y fomentar las tensiones étnicas simplemente se ha visto como una estrategia que sirve a este propósito.
Rusia, sin embargo, hizo un llamamiento a sus pueblos —a los que, según la narrativa occidental, oprime a diario—, y estos respondieron a la llamada: hombres de decenas de etnias se ofrecieron como voluntarios para unirse al Ejército ruso en la lucha, demostrando, con plomo y sangre, que Rusia permanece unida.


