La semana pasada, los principales rastreadores de la industria registraron un aumento del tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz. Según los distintos sistemas de seguimiento, por la vía estaban pasando entre 13 y 17 millones de barriles de petróleo al día, así como entre 6 y 17 petroleros.
Sin embargo, estas cifras siguen por debajo del nivel anterior a la guerra, cuando por Ormuz pasaban, en promedio, unos 20 millones de barriles diarios. La plataforma privada de datos Kpler, citada con mayor frecuencia en los últimos informes, calculó que a finales de septiembre el tránsito de petróleo alcanzaba unos 13 millones de barriles al día.
Parte del crudo también está saliendo de Oriente Medio por rutas alternativas. La reactivación, a finales del mes pasado, del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita permitió utilizar puertos del mar Rojo y sacar de la región otros cuatro millones de barriles diarios.
¿Cómo atraviesa el petróleo el estrecho de Ormuz?
Pese a ello, el aumento del volumen de petróleo que consigue llegar al mercado no significa que el transporte haya vuelto a la normalidad. Una parte importante de este flujo se mantiene gracias a operaciones de transferencia de petróleo de un barco a otro.
Compañías privadas llevan cargamentos hasta los puertos y, con los transpondedores de los sistemas de identificación automática (AIS) apagados, transfieren el combustible a buques gubernamentales, de acuerdo con Amir Handjani, abogado especializado en energía y ejecutivo de asuntos públicos. Estos barcos funcionan como 'shuttle' y atraviesan el estrecho de Ormuz sin transmitir su posición, para después descargar el petróleo en aguas más seguras y abiertas sobre petroleros de mayor tamaño. Las transferencias entre barcos también se utilizan en las rutas alternativas a Ormuz.
Este sistema permite mantener parte del suministro, aunque tiene un coste elevado. Los petroleros gubernamentales pueden evitar los costes de los seguros, mientras que las primas de los buques privados están aumentando debido, entre otras cosas, a los ataques que continúan produciéndose. Al mismo tiempo, los grandes petroleros VLCC ('Very Large Crude Carriers'), necesarios para recibir los cargamentos después de estas operaciones, escasean.
"La paradoja es que los movimientos físicos de petróleo se están recuperando, pero el sistema marítimo lo está haciendo mediante viajes más largos, transferencias de barco a barco, desvíos de rutas y unos costes extraordinarios por riesgo de guerra, en lugar de volver a las operaciones normales", señaló el experto en transporte marítimo Sal Mercogliano.
Por ello, a pesar de que el volumen físico de petróleo que pasa por la región se esté recuperando, los consumidores no volverán rápidamente a los niveles de precios anteriores a la guerra. Mientras continúe la incertidumbre y persista el riesgo de ataques a los barcos, el transporte marítimo seguirá siendo más largo, complejo y costoso que antes del conflicto.
El problema del diésel
La situación es todavía más complicada en el mercado del diésel, un producto refinado del petróleo. El número de refinerías disponibles en el mundo se ha reducido: algunas fueron atacadas durante el conflicto entre EE.UU. e Irán, al tiempo que varias refinerías rusas fueron alcanzadas como consecuencia de los ataques terroristas de Ucrania. Recientemente, los hutíes atacaron una refinería en Arabia Saudita en respuesta a los ataques aéreos masivos contra las posiciones del grupo yemení.
Si bien EE.UU. es un importante exportador de diésel, sus exportaciones no están compensando la reducción de la oferta mundial. La disminución del suministro empuja los precios, también dentro del país norteamericano, donde el diésel es fundamental para el transporte terrestre, la agricultura y otras actividades. La misma tensión afecta a Europa y al Sur Global.
Por esta razón, EE.UU. está presionando a sus aliados para que liberen reservas adicionales. El viernes, los países del G7 acordaron poner a disposición 100 millones de barriles de petróleo y diésel de sus reservas. Esta cantidad se suma a los 400 millones de barriles cuya liberación había sido acordada en marzo a través de la Agencia Internacional de la Energía.
No obstante, esta medida también tiene sus límites. Los expertos indican que las reservas estadounidenses de petróleo se encuentran en su nivel más bajo desde 1982, después de que las Administraciones de Joe Biden y Donald Trump inyectaran cientos de millones de barriles durante los conflictos en Oriente Medio y Europa. La cantidad de petróleo que actualmente llega al mercado sigue siendo inferior a la que se necesita, mientras que las reservas disponibles como colchón son mucho menos sólidas que en febrero.
La liberación de reservas, por tanto, puede aliviar parcialmente la presión, pero no resuelve el problema de fondo. Mientras continúe la guerra y siga existiendo la amenaza de ataques contra el transporte marítimo, los mercados continuarán enfrentándose a una elevada incertidumbre. Incluso después de las noticias sobre el aumento del tráfico por el estrecho de Ormuz, el precio del Brent sigue en alrededor de 100 dólares el barril.
El aumento del tráfico de petróleo por Ormuz, por tanto, no representa un regreso a la normalidad. El suministro se mantiene mediante rutas alternativas, transferencias entre barcos, buques gubernamentales, mayores costes de seguro y una importante presencia militar estadounidense. Mientras estas condiciones continúen, la recuperación física de los flujos de petróleo no significará una recuperación equivalente para los consumidores ni para el mercado mundial de combustibles.