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Adiós de EE.UU. a Irak: ¿quién llenará el vacío de poder?
La retirada de las tropas estadounidenses podría intensificar la tensión política, étnica, religiosa y militar no solo en el país árabe, sino en toda la región, advierten los expertos.
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Las últimas tropas estadounidenses en Irak abandonaron el país este miércoles en virtud de un acuerdo entre Bagdad y Washington. Tras la invasión en 2003 para derrocar a Sadam Husein, los militares norteamericanos se retiraron en 2011, pero, tres años después, las autoridades iraquíes invitaron a una misión más reducida, liderada por Estados Unidos, para combatir al Estado Islámico*, que había arrasado amplias zonas del país y se había apoderado de extensos territorios. Con el grupo extremista reducido a células durmientes dispersas, Washington y Bagdad acordaron en 2024 poner fin gradualmente a la misión.

La salida de EE.UU. de Irak representa un acontecimiento importante cuyas consecuencias podrían afectar no solo al frágil equilibrio de fuerzas en el país árabe, sino también a toda la región.

El problema de las formaciones paramilitares

En Irak siguen desempeñando un papel importante los grupos paramilitares, que forman parte de las Fuerzas Armadas iraquíes formalmente, pero, en la práctica, llevan a cabo su propia política y no coordinan sus acciones con las autoridades de Bagdad. Inicialmente, de acuerdo con el pacto con EE.UU., las autoridades iraquíes debían desarmar y disolver estas formaciones y distribuir a sus miembros entre los distintos componentes de las Fuerzas Armadas antes del 30 de septiembre de 2026. Sin embargo, ante la resistencia de estas formaciones, Bagdad pospuso la fecha para su desarme definitivo hasta el 30 de junio de 2027.

No obstante, este plan corre el riesgo de seguir el mismo destino que el anterior, ya que, tras la salida de las tropas estadounidenses, los grupos paramilitares podrían intensificar aún más su resistencia, mientras que Bagdad dispondría de menos instrumentos de presión sobre ellas.

Abu Mojtaba Al Yasiri, comandante de la Resistencia Islámica en Irak, una coalición de facciones armadas chiíes que mantienen estrechos vínculos con Irán, describió la retirada como "una victoria histórica para los grupos de la resistencia islámica iraquí y los iraquíes dignos, y una derrota aplastante para el proyecto estadounidense".

"El 30 de septiembre celebraremos el cierre de una página negra de la historia de Irak y el fracaso de la ocupación a la hora de imponer su voluntad sobre nuestro país", declaró a Reuters.

En este contexto, los expertos consideran que la retirada estadounidense beneficia principalmente a Teherán. "Irán se beneficiará estratégicamente de la salida de la coalición, porque elimina una presencia militar que durante años actuó como contrapeso a la influencia de Teherán en Irak", valoró Jasim Al Bahadli, analista de seguridad iraquí especializado en el estudio de los grupos armados chiíes alineados con la República Islámica.

Las autoridades iraníes reaccionaron a la salida de las tropas saludando el paso. "Una seguridad duradera prevalecerá en Irak" cuando los estadounidenses abandonen el país y la región, afirmó el lunes Amir Hayat Moqaddam, vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento de Irán.

La República Islámica "da la bienvenida a la retirada de las tropas estadounidenses de Irak y, sin duda, la apoyará", declaró el funcionario. "Los grupos de la resistencia están actuando actualmente, en ocasiones atacando y enfrentándose a las tropas estadounidenses", agregó.

Otros actores en la ecuación

La retirada estadounidense también podría crear condiciones para un aumento de la influencia turca en la región. En los últimos años, Turquía ha intensificado progresivamente su cooperación con Irak en materia de seguridad y lucha contra el terrorismo. Bagdad y Ankara comparten un objetivo: debilitar el potencial político-militar de los kurdos en la región, que 'de facto' gozan de autonomía en Irak, controlando una parte importante de los recursos energeticos del país, y en Siria, mientras aspiran a obtenerla también en Turquía.

En 2024, Irak declaró al Partido de los Trabajadores del Kurdistán, considerado terrorista por Ankara, una "organización prohibida". No se descarta que, tras la salida de las tropas estadounidenses, Turquía, con la ayuda de las autoridades iraquíes y sirias, intensifique aún más su oposición a los kurdos.

Mientras, los kurdos, que fueron aliados de Washington en Irak y Siria, han expresado su preocupación por la retirada de las tropas. En una declaración oficial, el gobierno de la región kurda de Irak, donde se concentraba principalmente el contingente estadounidense, advirtió que "la retirada de EE.UU. no irá acompañada de la creación de un sistema alternativo de defensa aérea, lo que resulta profundamente preocupante". El comunicado destaca que, durante el conflicto entre EE.UU. e Irán, la región kurda sufrió más de 1.000 ataques con misiles balísticos y drones.

Además, la retirada de las tropas perjudica a varios aliados de EE.UU. en la región, en particular a Israel y Arabia Saudita. Debido a su posición geográfica, Irak desempeñaba un papel importante en la seguridad de ambos países. Las bases estadounidenses en Irak servían como puntos de detección temprana de drones y misiles balísticos iraníes dirigidos hacia Israel, y las defensas aéreas estadounidenses interceptaban parte de estos proyectiles.

El deterioro de la situación de seguridad en Irak podría tener graves consecuencias para Arabia Saudita, incluso para el bienestar económico del reino. Precisamente desde territorio iraquí se lanzaron a principios de septiembre ataques contra el estratégico oleoducto Este-Oeste, que permite a Riad exportar su petróleo evitando el estrecho de Ormuz.

Además, la amenaza terrorista sigue presente en Irak. Aunque EE.UU. declaró la derrota del Estado Islámico en 2017, sus células durmientes siguen representando una seria amenaza para Bagdad. Existe el riesgo de atentados ante el posible debilitamiento del apoyo a las fuerzas iraquíes en las zonas donde operan las células de la organización terrorista, advierte el orientalista Nikolái Sujov.

Así pues, la retirada de las tropas estadounidenses, por un lado, pone fin a una operación militar que se prolongó durante 23 años; por otro, el acontecimiento podría marcar el inicio de una transformación radical del equilibrio de fuerzas no solo dentro del país, sino también en toda la región. La salida de EE.UU. de Irak tendrá un impacto significativo sobre numerosos actores cuyas relaciones son de carácter complejo. Con toda probabilidad, este entramado geopolítico se volverá aún más complicado.

Por lo tanto, "el principal criterio de la soberanía de Irak tras la retirada de la coalición no será la ausencia de soldados estadounidenses, sino la capacidad de Bagdad para crear gradualmente un sistema unificado de seguridad estatal", comentó a RT el politólogo Murad Sadygzade.

"Si el Estado logra subordinar las estructuras armadas a un mando único, continúa presionando a las redes terroristas clandestinas y establece un equilibrio funcional entre las fuerzas políticas y religiosas, este hito actual se convertirá realmente en una etapa de fortalecimiento de la soberanía. Pero si el vacío de poder se convierte en un campo de batalla entre facciones, el fin de la misión estadounidense no será el punto final en la historia de la guerra, sino el comienzo de una nueva etapa de sus consecuencias políticas", concluyó el experto.

* Grupo terrorista prohibido en Rusia