EE.UU. estudia cerrar el grifo del diésel: ¿a quién golpearía la medida?

La Administración Trump estudia prohibir las exportaciones de diésel para contener los precios en EE.UU.

Los precios del diésel siguen batiendo récords tanto en todo el mundo como en Estados Unidos. Ante el fuerte repunte del combustible, cuyo precio ha superado por primera vez los 6,50 dólares por galón, Washington ha planteado la posibilidad de prohibir temporalmente sus exportaciones para satisfacer la demanda interna y tratar de frenar la escalada de los precios.

La medida se suma a los esfuerzos de la Administración estadounidense por contener el aumento de los precios mediante negociaciones con Ucrania y Rusia.

El presidente Donald Trump también respaldó la idea. "He dicho que no enviemos el diésel al exterior. Producimos mucho diésel. Lo he pedido. Se lo he pedido a mi equipo", declaró el mandatario estadounidense a los periodistas.

Sin embargo, la iniciativa podría terminar perjudicando tanto a las compañías petroleras como a los propios consumidores estadounidenses.

Querían frenar los precios, pero podrían provocar otra subida

Según Axios, una prohibición de las exportaciones podría reducir los precios del diésel para los estadounidenses a corto plazo, pero probablemente elevaría los precios a nivel mundial y, con el tiempo, también en EE.UU.

El director ejecutivo del American Petroleum Institute, Mike Sommers, advirtió que restringir las exportaciones energéticas estadounidenses "solo agravaría el problema", al aumentar las dificultades a las que ya se enfrenta el sector de refinación y terminar perjudicando a los consumidores.

"La respuesta es aumentar la oferta y la flexibilidad, no introducir nuevas restricciones que corren el riesgo de empeorar una situación ya difícil", afirmó Sommers.

Un golpe para la industria

La propuesta también tiene detractores, incluso dentro de la propia Administración Trump. El secretario de Energía, Doug Burgum, señaló la semana pasada que una prohibición de las exportaciones podría provocar represalias de otros países, que podrían imponer sus propias restricciones. Esto afectaría especialmente a estados como California, que dependen de las importaciones de diésel tras el cierre de varias refinerías locales.

Por su parte, el presidente del Institute for Energy Research, Tom Pyle, señaló que una prohibición podría llevar a las refinerías de la costa del Golfo, donde se concentra buena parte de la capacidad de refinación de EE.UU., a reducir su actividad en lugar de redirigir el diésel al mercado interno. Esto, a su vez, reduciría la oferta total de combustibles, incluida la gasolina.

"Así que los precios del diésel parecen ser otro de esos problemas a los que podría aplicarse el viejo dicho: es mucho más fácil sacar la pasta de dientes del tubo que volver a meterla", opina Karthik Sankaran, investigador principal de geoeconomía del programa sobre el Sur Global del Quincy Institute.

Una medida con miras electorales

Al mismo tiempo, Reuters señala que algunos candidatos republicanos al Senado en las contiendas más reñidas de las elecciones del 3 de noviembre han pedido a la Administración que introduzca la prohibición de exportar diésel para intentar aliviar el elevado coste de vida de los estadounidenses.

Sin embargo, las consecuencias de la medida podrían terminar jugando en su contra. "Una prohibición de las exportaciones de diésel de EE.UU., aunque sea temporal, tendría a largo plazo el mismo efecto que el embargo de soja impuesto por el presidente Richard Nixon: el mundo dejaría de considerar a Estados Unidos un proveedor fiable", advirtió el economista especializado en energía, Philip Verleger.

Las causas de la crisis

Este lunes, Trump volvió a atribuir el aumento de los precios de diésel al conflicto entre Rusia y Ucrania. Según el mandatario, Moscú "ha perdido desafortunadamente el control de su industria de gasóleo diésel". El 13 de septiembre, Trump confirmó haber pedido al líder del régimen de Kiev, Vladímir Zelenski, que "no atacara las plantas de diésel ni las refinerías" rusas.

"El problema que tengo con Ucrania y Rusia es que, ya saben, gran parte del diésel —y ahí es donde se produce un fuerte aumento de los precios— proviene de Rusia. Y las instalaciones rusas están siendo atacadas por Ucrania. Le he pedido al presidente Zelenski que no atacara las plantas de diésel ni las refinerías", manifestó Trump, y agregó que el precio del diésel está subiendo "debido a las dificultades para sacarlo de Rusia".

Sin embargo, expertos del sector energético señalan otra causa principal: el conflicto en Irán, iniciado por la propia Administración Trump. Según estimaciones compiladas por Bloomberg y verificadas con operadores de diésel, esa guerra ha retirado más suministro de diésel del mercado que el conflicto entre Rusia y Ucrania.