Ante el repunte de ataques antisemitas, la vigilancia ya no se limita a cámaras o guardias en fechas señaladas: miles de fieles judíos reciben formación para proteger templos y eventos en todo el país, informa Axios. Las sinagogas estadounidenses recurren cada vez más a su propia comunidad para reforzar la seguridad ante el aumento de las amenazas.
"No significa que seamos 'ninjas' ni agentes del orden, pero todos pueden desempeñar un papel", explicó Rusty Rosenthal, exagente del FBI y responsable de JShield, el programa de seguridad de la Federación Judía en el área de Washington.
La transformación es visible en los accesos, donde la bienvenida tradicional convive ahora con controles estrictos. El modelo centrado en vigilancia privada ocasional y aviso policial ha dado paso a operativos amplios con voluntarios capacitados. Para JShield es "un deporte de equipo", aunque los rabinos piden que esto no anule la vocación acogedora del templo.
En este escenario, el Community Security Service (CSS) —ampliado tras la masacre de la congregación Tree of Life en Pittsburgh en 2018— afirma proteger semanalmente más de 500 sinagogas con 7.100 voluntarios activos. Su director, Richard Priem, indicó que 20.000 personas completaron el entrenamiento el año pasado.
Auge de ataques antisemitas
El endurecimiento de estas medidas coincide con un récord de ataques físicos contra judíos en EE.UU., que en 2025 marcaron su punto más alto en 46 años, según Axios. Además, la Secure Community Network reportó en 2024 un máximo de 5.409 incidentes de amenaza, un 112 % más que dos años antes. Todo este despliegue tiene como telón de fondo la guerra de Israel en Gaza con bombardeos a zonas civiles y un cambio en la opinión pública: según Gallup, los estadounidenses ahora simpatizan más con los palestinos (41 %) que con los israelíes (36 %). En este clima polarizado, las protestas apuntan a centros locales, a los que a menudo se responsabiliza por el conflicto en Oriente Medio independientemente de la postura política de cada congregación.
Ante esta realidad, Priem sostiene que los fieles entrenados ofrecen una ventaja difícil de igualar por las empresas de seguridad: conocen a su comunidad, identifican lo habitual y detectan con mayor rapidez lo que no encaja. Pero esta alerta pasa una factura psicológica.