¿Qué hace de Rusia una civilización?

Más allá de los valores, la religión o la cultura, la singularidad rusa puede entenderse a través de su relación con el espacio, la continuidad de su Estado y su excepcional capacidad para integrar influencias externas sin perder su identidad, opina el analista Iván Timoféyev.

El concepto de civilización se utiliza cada vez con mayor frecuencia en el léxico de la política exterior. Recibe atención tanto en Rusia como en los textos doctrinales de la India y China. Sigue siendo uno de los elementos de la identidad europea. Irán es percibido como una civilización particular, incluso por sus propios adversarios. Difícilmente puede ponerse en duda la enorme influencia de la civilización islámica. Aunque no se reduce a un Estado determinado, el islam es la religión oficial de numerosos países, y las comunidades islámicas constituyen un segmento importante de decenas de Estados. En la literatura se habla con frecuencia de África y América Latina como civilizaciones particulares. Comprensiones similares también aparecen con respecto a la región del Sudeste Asiático.

Existen numerosas interpretaciones diferentes del concepto de civilización. En su forma más general, puede entenderse como grandes grupos humanos que trascienden las fronteras étnicas (y con frecuencia también las fronteras estatales), pero que al mismo tiempo poseen sistemas de valores, particularidades normativas, instituciones, cultura material u otros rasgos que permiten hablar de diferencias esenciales entre estos grandes grupos y otros.

Es fundamental que no exista un sistema único de características que constituya una civilización. Cada civilización posee su propio conjunto de rasgos específicos.

En algunos casos, una civilización puede distinguirse por una comunidad religiosa (la civilización islámica); en otros, por un sistema de principios morales, instituciones y logros materiales que van mucho más allá de la religión y de los Estados individuales (la civilización occidental); en otros más, por la combinación de una doctrina ética con la experiencia única de organización de un Estado y su cultura material (la civilización china), y así sucesivamente.

Los intentos de comprender qué representa Rusia desde el punto de vista civilizacional han dado lugar a un enorme corpus de literatura, tanto en Rusia como en el extranjero. Su revisión podría constituir un estudio independiente de gran envergadura. Aquí me gustaría destacar, de la forma más concisa posible, únicamente aquellos rasgos fundamentales que podrían considerarse las estructuras portantes para entender a Rusia como una civilización independiente o como un Estado-civilización.

¿Puede decirse que Rusia posee un conjunto único de valores? Sin duda.

Pero difícilmente basta para establecer diferencias esenciales y exhaustivas entre nuestra civilización y las demás. El cristianismo ortodoxo ha desempeñado y sigue desempeñando un papel de máxima importancia en la vida espiritual y moral de nuestro país. Sin embargo, difícilmente puede imaginarse la civilización rusa al margen de la comunidad de diferentes religiones, incluidas otras ramas del cristianismo, el islam, el judaísmo y el budismo. En la cultura rusa aún pueden encontrarse incluso raíces paganas que influyeron parcialmente en la evolución de las religiones monoteístas en nuestro suelo.

Al hablar de los valores rusos, se mencionan con frecuencia conceptos como "colectivismo", "servicio", "primacía de lo espiritual sobre lo material" y otros semejantes. Tales valores son de enorme importancia para nosotros. Pero también están presentes en otras civilizaciones y son propios de numerosos grupos étnicos. Incluso pueden encontrarse en abundancia en un Occidente que, a primera vista, parece individualista y materialista. Toda comunidad se basa, en mayor o menor medida, en la voluntad colectiva, y en todas partes esta voluntad exige, de una u otra forma, el sacrificio de los intereses particulares.

Uno de los rasgos de nuestra civilización podría considerarse la lengua rusa. Se ha convertido en el factor más importante de integración de Rusia como Estado, definiendo el contorno cultural del 'mundo ruso' también fuera de las fronteras del país. Sin embargo, el idioma por sí solo no determina una civilización. A la civilización rusa también se le atribuyen en ocasiones etiquetas como expansionismo, autoritarismo, etcétera. No obstante, incluso dejando de lado su carácter politizado, no pueden considerarse características exhaustivas. La expansión es propia de muchas civilizaciones, Estados y grupos étnicos. Muchos de ellos emprendieron tales intentos, enfrentándose a una u otra limitación de recursos. La organización autocrática también se manifestó en numerosas civilizaciones, incluida la occidental, mientras que el fenómeno del autoritarismo es relativamente reciente y está vinculado a la era de la modernidad.

Entonces, ¿qué es? ¿Cuál es la esencia de Rusia como civilización? Buscaría la respuesta en las categorías del espacio y de la especificidad de su ocupación.

En primer lugar, Rusia se distingue por haber logrado, durante un período histórico bastante prolongado, ocupar, desarrollar y organizar una enorme extensión territorial del continente euroasiático. Desde luego, existen otros ejemplos de grandes Estados y de Estados-civilización. Entre ellos puede citarse, por ejemplo, China. La expansión colonial de Occidente también condujo a la ocupación de vastos espacios. Pero ninguna civilización llegó a convertirse en transcontinental dentro de Eurasia.

Y aquí aparece la segunda particularidad de Rusia: es una civilización de "espacios inhóspitos". Rusia se extendió sobre territorios que no siempre eran cómodos para la vida y cuya ocupación exigía enormes esfuerzos, a veces heroicos. Naturalmente, otros también desarrollaron territorios difíciles. Pero precisamente Rusia es aquí la verdadera campeona. Difícilmente se encontrará otro país con una experiencia y una escala comparables en la ocupación del Ártico, de los espacios desérticos y de las regiones frías, poco aptas para la vida.

La tercera particularidad es la especificidad de la organización política del espacio. A diferencia de un Occidente políticamente fragmentado, Rusia, tras superar relativamente rápido la división interna en términos históricos, tendió hacia una organización centralizada. La ocupación del espacio se llevó a cabo dentro del marco de una misma estatalidad.

De hecho, la existencia prolongada e ininterrumpida del Estado constituye también uno de nuestros rasgos esenciales. Existen otros Estados-civilización. Pero, por ejemplo, la India atravesó un largo período sin independencia, mientras que China pasó por una sucesión de gravísimas crisis cuyo punto culminante fue la humillación del siglo XIX, que situó al Estado al borde de la supervivencia frente a fuerzas técnicamente más avanzadas (aunque China, como un ave fénix, resurgió en un tiempo extraordinariamente breve desde la perspectiva histórica). Puede decirse que la idea del Estado nacional surgió en Occidente. Pero una estatalidad duradera y estable es uno de nuestros rasgos esenciales.

La cuarta particularidad es el predominio del flujo de recursos desde el centro hacia la periferia, y no al contrario. En Rusia no se desarrolló el modelo occidental de colonización, cuyas características fundamentales eran la subordinación y el mantenimiento forzoso de los territorios, así como la explotación de sus recursos.

Difícilmente conviene idealizar el modelo ruso y demonizar el occidental. Nuestro avance hacia el oeste, el sur y el este transcurrió a menudo a través de una sucesión de guerras grandes y pequeñas.

A algunos se los sometió por la fuerza; otros se incorporaron por necesidad o por cálculo político, aunque la proximidad cultural y religiosa desempeñó con frecuencia un papel importante. Durante mucho tiempo, Rusia se caracterizó por una forma política imperial. Sin embargo, en el caso ruso nunca llegó a formarse una metrópoli.

No era fácil trazar una línea entre el centro y la periferia, lo que diferenciaba a Rusia de los imperios coloniales de Europa y, posteriormente, de Asia. Además, Rusia no siempre obtuvo beneficios materiales de sus adquisiciones territoriales. Con frecuencia, estas se convertían en una carga material, al requerir inversiones, modernización e integración en un espacio común. Se desarrolló un mecanismo de integración de las élites locales en un entorno elitista común.

Sí, en determinados períodos los recursos de las regiones periféricas desempeñaron un papel decisivo y fueron extraordinariamente valiosos. Pero difícilmente podía afirmarse que existiera una metrópoli que se enriqueciera a su costa.

Paradójicamente, la población del centro de Rusia era menos libre, estaba sometida a la servidumbre, sufría mayores restricciones de derechos y carecía de bienestar en mayor o mucho mayor medida que la población de las periferias geográficas. La expansión territorial de Rusia tuvo un carácter imperial, pero, por regla general, no condujo al atraso de las periferias ni a que el centro viviera a expensas de ellas.

La quinta particularidad es la magnitud de las influencias culturales y civilizacionales externas sobre Rusia y la extraordinaria capacidad de adaptación de la civilización rusa frente a esas influencias. En su momento, Vladislav Surkov calificó a Rusia como un "Estado mestizo", aludiendo a sus raíces, convencionalmente, asiáticas y europeas.

Lo destacable es que la ocupación de inmensos espacios no fue tanto una estrategia de conquista como una estrategia de supervivencia. La Horda ejerció sobre nosotros una influencia inmensa, perceptible hasta el día de hoy. Fue precisamente en la lucha contra la Horda, acompañada de la adopción de muchas de sus soluciones técnicas y políticas, donde fueron tomando forma los contornos del Estado-civilización ruso. La Horda fue derrotada, en no poca medida, mediante los propios métodos de la Horda. Otro poderoso foco de influencia fue, por supuesto, Occidente.

También aquí Rusia adoptó numerosas innovaciones, desde la organización del ejército, la industria y la burocracia hasta determinadas doctrinas ideológicas, como el marxismo. Y, sin embargo, Rusia no se convirtió ni en la Horda ni en Occidente.

La extraordinaria capacidad de adaptación y de absorber elementos de civilizaciones y culturas vecinas, y a veces peligrosas, se combina con la ausencia de disolución en ellas, incluso en condiciones de durísimas crisis políticas, derrotas y catástrofes.

En definitiva, la civilización rusa no se define únicamente, ni siquiera principalmente, por un código de valores y cultura. El problema no reside siquiera en su existencia o inexistencia. El problema está en sus límites precisos y en la posibilidad de establecer un conjunto de rasgos más o menos exhaustivo. Más bien, el rasgo esencial de nuestra civilización reside en sus propiedades materiales claramente perceptibles.

Somos una civilización transcontinental. Una civilización de espacios inhóspitos. Una civilización de larga e ininterrumpida estatalidad y de organización estatal del espacio. Una civilización sin metrópoli, en la que el flujo de recursos no obedece linealmente a la lógica centro-periferia. Una civilización extraordinariamente adaptable y receptiva a los préstamos, pero que cada vez evita disolverse y preserva su identidad. Todos los parámetros enumerados de la forma civilizacional rusa se mantienen hasta el día de hoy. Y apenas se vislumbran nuevos rasgos.

Por Iván Timoféyev, director general del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales