Millones de personas llegaron a Teherán para rendir homenaje al fallecido líder supremo Alí Jameneí, quien murió en un ataque aéreo estadounidense-israelí en febrero. Los actos de duelo comenzaron el viernes y concluirán el 9 de julio, cuando el ayatolá será enterrado en su ciudad natal de Mashad.
Al país persa también acudieron delegaciones de Rusia, China, India, Irak, Pakistán, Turquía y otros Estados. Rusia estuvo representada en Teherán por el vicepresidente de su Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev, quien enfatizó que la muerte del ayatolá ha unido a la sociedad de Irán. "Este dolor ha unido al pueblo iraní, que no cedió ante la presión organizada por EE.UU. y otros países que se sumaron. Resistió en esta lucha y, estoy seguro, al final vencerá", afirmó.
"Este dolor ha unido al pueblo iraní"
El Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Islámica señaló en un comunicado que la participación de millones de hombres y mujeres de todo el planeta en la despedida del dirigente "ha mostrado una vez más al mundo la grandeza de Irán, el esplendor de su poder y su autoridad nacional". La Cancillería expresó su agradecimiento a todos los invitados extranjeros que, "a pesar de las presiones y amenazas, se mantuvieron del lado correcto de la historia" al asistir al funeral del dirigente y "rendir homenaje a la verdad y la justicia".
Descontento popular
Mientras, desde el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) declararon que la "venganza divina" contra Estados Unidos e Israel por este asesinato no está lejos. Al mismo tiempo, reina el descontento entre los presentes en los actos de duelo.
En las ceremonias se escuchan cánticos como "muerte a Estados Unidos", "muerte a Israel" y "Alá es grande", y se vieron banderas rojas con la inscripción: "Maten a Trump" (#KillTrump). En las imágenes de los actos, se puede apreciar a multitudes de personas, desde ancianos hasta niños, llorando y mostrando su dolor.
¿Qué dicen los expertos?
Los expertos expresan la misma opinión sobre la cohesión de la sociedad iraní.
"Cuando estaba en curso la guerra, la gente no huía del país, sino que, por el contrario, iba a ver a sus seres queridos, a sus familiares, para estar cerca en el momento más difícil. Eso ya dice mucho. La guerra cohesionó a la sociedad", dijo a RT Lana Ravandi-Fadai, investigadora del Instituto de Orientalismo de la Academia de Ciencias de Rusia.
Según Irina Fiódorova, experta del Centro de Oriente Próximo y Medio del mismo instituto, el asesinato del líder supremo mostró a los iraníes que Israel y EE.UU. "no se detienen ante ningún acto bárbaro y terrorista para alcanzar sus objetivos".
"Los más diversos sectores de la población iraní lo vieron. Naturalmente, esto condujo a la unificación de grupos políticos, nacionales y sociales que antes tenían distintas posturas respecto a la situación en el país", señaló Fiódorova.
Por su parte, la politóloga y experta en relaciones internacionales Elena Supónina destacó que en Irán siempre ha existido una actitud de respeto hacia Alí Jameneí.
"Se le percibía como el arquitecto de la nueva estrategia de confrontación de Irán con Occidente. Tras su trágica muerte, Jameneí se convirtió en un símbolo de la resiliencia de Irán. Al asesinarlo, EE.UU. logró exactamente lo contrario de lo que esperaba", explicó.
Falsa narrativa de Occidente
Los medios occidentales también reconocen el fracaso de los planes de Washington. Interlocutores del The Wall Street Journal consideran que los miles de iraníes que acuden a despedirse de Jameneí demuestran que la narrativa occidental sobre la impopularidad del ayatolá era falsa y que este, en realidad, gozaba de respeto en el país.
Mientras, CNN escribe que "Irán tiene la intención de inmortalizar a su líder asesinado como símbolo de su propia resiliencia".