La semana pasada, los jefes de Estado y de gobierno de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), encabezados por el presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr., llegaron a Rusia para celebrar el 35.º aniversario de las relaciones entre Moscú y la organización. Pero detrás de la diplomacia conmemorativa se escondía algo más: en medio de un orden mundial en rápida transformación, las partes, de hecho, esbozaron los contornos de un nuevo e importante acercamiento geopolítico.
Junto con el presidente Vladímir Putin, los líderes de la asociación firmaron una declaración en la que expresaban su compromiso de "construir un mundo multipolar justo, basado en el derecho internacional y en los principios de la Carta de las Naciones Unidas".
Ya se habían celebrado encuentros similares entre Rusia y los países de la ASEAN, pero este tiene un carácter diferente. El sudeste asiático se encuentra en el epicentro de una creciente inestabilidad, y es justo en este momento cuando Moscú se ofrece como un punto de apoyo.
Nuevos horizontes de colaboración
Rusia lleva largo tiempo buscando fortalecer sus relaciones con sus socios asiáticos como parte de su estrategia de 'giro hacia el Este', que cobró especial relevancia tras el conflicto con los países europeos.
Y ahora la estrategia ha comenzado a dar frutos. El comercio bilateral ha crecido de entre 17 y 18.000 millones de dólares en 2015 a unos 30.000 millones en 2025, lo que representa un aumento de alrededor del 70 %.
Las exportaciones rusas a las naciones de la ASEAN se centran principalmente en materias primas, como petróleo crudo, derivados del petróleo, carbón, fertilizantes, trigo y metales, mientras que los países de la organización exportan productos electrónicos, maquinaria, bienes de consumo, caucho y aceite de palma.
"En una época de creciente incertidumbre geopolítica, no se puede subestimar el valor de un compromiso político y de seguridad constante entre la ASEAN y Rusia", declaró Marcos. El mandatario filipino hizo hincapié en la particular importancia de la seguridad alimentaria y energética, además de hacer un llamado a la cooperación contra el crimen transnacional y el terrorismo.
El punto de inflexión
Es notable que esta nueva etapa de fortalecimiento de las relaciones se produzca en un momento en que la región del sudeste asiático se encuentra particularmente vulnerable ante la crisis energética provocada por el conflicto en Oriente Medio.
"La realidad es que, en este momento, el sudeste asiático se halla en un momento estratégicamente propicio para la participación de Rusia. La región se ha visto particularmente afectada por la crisis energética mundial desde que Trump inició su guerra contra Irán y Teherán respondió cerrando el estrecho de Ormuz", indicó Derek Grossman, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad del Sur de California.
"En particular, poco después de que comenzara el conflicto, Filipinas se convirtió en la primera y única nación en declarar una emergencia energética nacional debido a su excesiva dependencia del petróleo procedente del estrecho de Ormuz y a sus limitadas reservas estratégicas", destacó.
A nivel bilateral, el presidente filipino declaró que Moscú y Manila estaban trabajando en un mecanismo para que el país insular compre petróleo ruso de manera regular. También dijo que estaba abierto a la cooperación en materia de energía nuclear. Además, se refirió a la posibilidad de que los rusos puedan viajar a Filipinas sin necesidad de visa.
Asimismo, el primer ministro malasio, Anwar Ibrahim, manifestó al regresar a su país que se estaba trabajando en un acuerdo a largo plazo para que Rusia suministre petróleo y gas a Malasia. Por su parte, tanto Tailandia como Camboya buscan fortalecer sus lazos comerciales mediante un acuerdo con la Unión Económica Euroasiática.
Forjando una reputación de confiabilidad
En este contexto, Moscú dio un paso simbólico: como gesto de buena voluntad, liberó a 24 ciudadanos filipinos que se encontraban detenidos en Rusia.
Según Grossman, medidas como esta pueden reforzar la imagen del país euroasiático como un actor pragmático, capaz de lograr resultados concretos a través de la diplomacia directa entre líderes.
Y aunque la presencia rusa en la región es menor que la influencia china y estadounidense, sigue siendo significativa. Como señala Grossman, "la influencia de las grandes potencias a menudo se gana en los márgenes, especialmente en momentos de crisis".
"Al contribuir a una crisis energética mundial, ofrecer solo un alivio limitado a los Estados vulnerables del sudeste asiático y luego volver a imponer abruptamente sanciones al petróleo ruso, la Administración de Trump ha creado las condiciones que permiten al Kremlin presentarse como un socio útil y receptivo", concluye el experto.