Pável Anatólievich Sudoplátov es una de las figuras más enigmáticas y trágicas de la historia de los servicios secretos soviéticos. Tras su arresto en 1953, su nombre fue borrado de la memoria pública durante décadas.
Su expediente de investigación, que detalla todas las operaciones especiales que llevó a cabo o dirigió, permanece clasificado hasta el día de hoy, pero algunas páginas desclasificadas evidencian la importancia y el valor histórico de su figura.
Esta auténtica leyenda de la inteligencia soviética era apodada (a sus espaldas) el 'perro matalobos de Stalin'.
Entre 1929 y 1953, todas las operaciones más importantes de los servicios secretos de la URSS estuvieron vinculadas, de una u otra forma, a su nombre. Sudoplátov asesinó personalmente al líder de los nacionalistas ucranianos, Yevguén Konovalets, organizó el asesinato de León Trotski y, después de la Segunda Guerra Mundial, dirigió el departamento que obtenía información sobre el programa nuclear estadounidense. Y esto es solo una pequeña muestra de la larga lista de logros del general Sudoplátov, muchos de los cuales aún están clasificados.
Sobre todo, destacan sus operaciones llevadas a cabo contra los nacionalistas ucranianos antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Para Sudoplátov, ucraniano de nacimiento, esa fue 'su' guerra.
De niño de la calle a talentoso agente de servicios secretos
Pável Anatólievich Sudoplátov nació en 1907 en Melitópol, en el seno de una familia ucraniana de molineros. En 1914, ingresó en primer grado en la escuela de la ciudad, donde estudió durante cinco años. En 1919, tras quedarse sin padres en plena guerra civil rusa, huyó a Odesa, donde se unió a un grupo de niños de la calle que se ganaban la vida mendigando y robando comida en los mercados.
A principios de 1920, tras la desbandada del Ejército Blanco de Odesa, el huérfano hambriento de 12 años ingresa en un regimiento del Ejército Rojo, donde se convirtió en ayudante de telegrafista en una compañía de comunicaciones. Sirvió en el ejército en batallas en Ucrania y en el conflicto contra Polonia.
En febrero de 1925, el comité regional del Komsomol (organización juvenil del Partido Comunista de la URSS), asignó a Sudoplátov al departamento de servicios de inteligencia y contraespionaje (entonces llamado GPU) de Melitópol, donde durante tres años, como agente subalterno, fue responsable del trabajo de los agentes que operaban en los asentamientos griegos, búlgaros y alemanes.
Así, a los 17 años, Pável Sudoplátov se convirtió en un agente de los servicios secretos.
El adolescente poseía un talento excepcional para los idiomas, una memoria prodigiosa y un oído musical innato. En un año, ya dominaba el griego, el búlgaro y el alemán. Esto le ayudó a establecer relaciones de mayor confianza con los agentes secretos y contribuyó a mejorar la calidad de la información que proporcionaban.
Fue durante este período cuando Sudoplátov desarrolló sus habilidades como "enganchador" de agentes profesional. Y sus habilidades para disfrazarse —haciéndose pasar por griego o búlgaro— le serían de gran utilidad en numerosas ocasiones durante sus viajes a Europa Occidental y Finlandia como espía clandestino en las décadas de 1930 y 1940.
En 1933, el agente de futuro promisorio fue trasladado a Moscú para trabajar en el departamento de operaciones en el extranjero, donde dirigió la sección encargada de luchar contra organizaciones de extremistas exiliados.
Tras completar un entrenamiento especializado, dominar las técnicas básicas de combate cuerpo a cuerpo y aprender a usar diversas armas, recibió la propuesta de convertirse en agente clandestino en Alemania.
¿Quién fue el líder nazi ucraniano condenado por Stalin?
El objetivo principal del espionaje soviético en Alemania era Yevguén Konovalets, quien para entonces se había convertido en el líder de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN, según sus siglas en ruso). Vivía en Alemania y colaboraba estrechamente con los nazis.
Es más, Sudoplátov tenía una cuenta pendiente muy personal con el líder de la OUN: su hermano mayor había muerto en una batalla contra los hombres de Konovalets.
Durante la Primera Guerra Mundial, Yevguén Konovalets, coronel del ejército austrohúngaro, luchó contra Rusia en el Frente Sudoccidental. En 1918, tras tres años en campos de prisioneros rusos, regresó a Ucrania y allí, al frente de una banda de nacionalistas ucranianos, participó en robos y pogromos contra judíos. Tras la disolución de la banda, huyó a Alemania con dos maletas de joyas robadas.
En 1922, Konovalets conoció a Adolf Hitler. Desde su primer encuentro, surgió entre ellos una amistad, alimentada por su odio compartido hacia Rusia. Por iniciativa de Hitler y con la ayuda de oficiales de inteligencia alemanes, Konovalets fundó la OUN.
En 1928, se abrieron escuelas especiales en Alemania para los miembros de la organización nacionalista, donde oficiales alemanes los entrenaban en sabotaje y ataques terroristas. En 1934, los secuaces de Konovalets asesinaron al ministro del Interior polaco, Bronislaw Pieracki, y al diplomático soviético Mailov (amigo personal de Sudoplátov, al cual los terroristas confundieron con el cónsul de la URSS) en Lvov.
Con el apoyo alemán, Konovalets planeó 'liberar' varias regiones de Ucrania. Con este fin, formó dos brigadas de milicianos, cada una compuesta por 2.000 hombres armados. Asimismo, también planificó atentados contra altos cargos en la sede central del Partido Comunista de la URSS en Moscú.
En 1935, Sudoplátov se infiltró en la dirección de la OUN en Berlín como un 'representante de la resistencia ucraniana antisoviética'. Logró ingresar en una escuela especial del partido nazi en Leipzig, donde también se entrenaban seguidores de Konovalets. Tras ganarse el favor del líder de la OUN, Sudoplátov lo acompañó en viajes de inspección a Viena y París. Esto fue posible, en parte, gracias a su impecable dominio del alemán.
Konovalets confiaba tanto en Sudoplátov que lo nombró su representante plenipotenciario en Ucrania y le informó sobre los planes estratégicos de la OUN.
"¿Cuáles son los gustos, debilidades y pasiones de Konovalets? Intente explotarlas", le sugirió Stalin. "A Konovalets le encantan los chocolates", respondió Sudoplátov, añadiendo que allá donde iban, lo primero que hacía era comprar una caja de bombones caros.
"Piénselo", dijo Stalin.
Sudoplátov trasladó personalmente a Stalin la información obtenida. La recompensa no tardó en llegar: por el éxito de la misión y por "la moderación e ingenio demostrados en ella", fue condecorado con la Orden de la Bandera Roja y una nueva misión… la de acabar con el líder nazi ucraniano. Su muerte inevitablemente conduciría a una lucha activa por el poder entre los nacionalistas y, en consecuencia, debilitaría enormemente las actividades de la propia OUN.
"¿Cuáles son los gustos, debilidades y pasiones de Konovalets? Intente explotarlas", le sugirió Stalin. "A Konovalets le encantan los chocolates", respondió Sudoplátov, añadiendo que allá donde iban, lo primero que hacía era comprar una caja de bombones caros.
"Piénselo", dijo Stalin.
"Un regalo de Kiev para ti", o bombones explosivos
En mayo de 1938, Sudoplátov se reunió con el líder nacionalista en un restaurante de Róterdam, Países Bajos. Además de una bomba, también portaba una pistola Walther, pero la bala no habría sido dirigida a Konovalets; si lo arrestaban, el oficial de inteligencia planeaba suicidarse.
Para evitar que Konovalets abriera inmediatamente los bombones 'explosivos', Sudoplátov llevó dos cajas de dulces —una normal y otra con la bomba— y abrió la primera, para que el jefe fascista no tomara la caja 'cargada'. Tras una breve conversación, se despidió apresuradamente, alegando que tenía prisa por tomar un barco.
Al salir del restaurante, fue a una tienda de ropa cercana y se puso un impermeable y un sombrero comprado allí. Al salir del local, oyó un sonido parecido a una explosión. Tras viajar vía París hasta Barcelona, el oficial de inteligencia se enteró por los periódicos de que la operación había sido un éxito: Konovalets había muerto al salir del restaurante.
Actividad frenética durante la Segunda Guerra Mundial
Durante la guerra, Sudoplátov se desempeñó simultáneamente como jefe de la Cuarta Dirección del NKVD-NKGB, dirigió operaciones partisanas y de reconocimiento-sabotaje tras las líneas enemigas y coordinó el trabajo de la red de inteligencia en el territorio de Alemania y sus aliados.
En esos años, ya ascendido a general, dejó de participar directamente en las operaciones, limitándose a la dirección general, preparación y seguimiento de estas.
Las unidades de sabotaje de los servicios secretos soviéticos se desplegaban tras las líneas alemanas, donde, cuando era posible, se integraban en unidades partisanas más grandes. Dado el extremo peligro del trabajo, se prestaba gran atención al entrenamiento de los saboteadores: por lo general, estas unidades reclutaban a personas con buena condición física. Por ejemplo, el varias veces campeón absoluto de boxeo de la URSS Nikolái Korolev sirvió en uno de los grupos de sabotaje y reconocimiento.
A diferencia de los grupos partisanos locales, estos grupos de sabotaje y reconocimiento estaban dirigidos por oficiales de carrera del NKVD.
El más famoso de estos era el destacamento Vencedores, liderado por el oficial del NKVD Dmitri Medvédev, quien, a su vez, reportaba a Sudoplátov. Varios grupos de saboteadores bien entrenados (entre ellos, muchos encarcelados durante las purgas de la década de 1930 y amnistiados al comienzo de la guerra) fueron lanzados en paracaídas tras las líneas alemanas, integrándose en una sola unidad que llevaba a cabo asesinatos de altos mandos nazis y operaciones de sabotaje, como la voladura de vías férreas y trenes, la destrucción de cables telefónicos, etc. El destacado oficial de inteligencia soviético Nikolái Kuznetsov pasó varios meses operando en comunicación con la unidad de Medvédev.
Líder nazi ucraniano pillado en la cama con su amante
Sudoplátov también participó en poner fin a la macabra trayectoria terrorista de otro líder de la OUN, Román Shujévich, cuya pista fue rastreada a través de su amante.
Shujévich fue encontrado en la aldea de Belogórshcha, cerca de Lvov, en la casa de otra de sus 'amigas'.
El líder nacionalista se resistió. Respondió al fuego disparando con un arma automática, hiriendo mortalmente a un oficial de seguridad. Un sargento que acudió en su ayuda acabó con la vida del secuaz fascista con una ráfaga de fuego automático.
Tras la guerra, Sudoplátov continuó dirigiendo la unidad de sabotaje (ahora especializada en operaciones en el extranjero). Tras la caída de Lavrenti Beria, el teniente general Sudoplátov fue arrestado por ser un estrecho colaborador suyo.
Acusaciones absurdas y fin de la carrera
Resulta difícil de creer, pero a pesar de su dilatada trayectoria al servicio de la patria, Pável Sudoplátov, condecorado con la Orden de Lenin, tres Órdenes de la Bandera Roja, la Orden de la Guerra Patriótica de 1.ª Clase, la Orden de Suvorov de 2.ª Clase, dos Órdenes de la Estrella Roja, una docena de medallas y la máxima distinción departamental, el Trabajador 'Honoris Causa' del NKVD fue arrestado en su oficina el 21 de agosto de 1953 y acusado de participar en la "conspiración de Beria" (jefe supremo de los servicios secretos soviéticos), cuyo supuesto objetivo era "exterminar a miembros del gobierno soviético y restaurar el capitalismo en la URSS".
Tras la muerte de Iósif Stalin en 1953, Beria, famoso por participar en sangrientas represiones, perdió su lucha de poder con Malenkov y Jruschov y fue fusilado.
Posteriormente, Sudoplátov fue condenado a 15 años de cárcel. Desde septiembre de 1958, cumplió su condena en la prisión de Vladímir. Allí sufrió tres infartos, perdió la vista en un ojo y quedó incapacitado cuando fue liberado en 1968, pero su espíritu se mantuvo inquebrantable.
Después de su excarcelación, escribió sus memorias y libros sobre el trabajo de la inteligencia soviética, intentando lograr su rehabilitación, la cual consiguió en 1992, tras el colapso de la URSS.
La última y profética entrevista del 'matalobos' de Stalin
En 1993, un ya anciano Sudoplátov concedió una extensa entrevista, cuyos extractos fueron publicados por el periódico Izvestia.
Tres décadas después, gran parte de lo que dijo el exgeneral de inteligencia soviético se asemeja a una profecía aterradora.
Quizás su idea principal en la entrevista era que la guerra contra Rusia no terminó en 1945, sino que continuó durante todos esos años. Y que, lamentablemente, continuaría.
"Para nosotros, los chekistas [como se denominaba con frecuencia a los oficiales de seguridad soviéticos] de aquella época, estaba claro que habría una guerra. Era cuestión de tiempo. Y que debíamos prepararnos. Y lo hicimos", afirmó.
Estas palabras se hicieron realidad: en 1993, la odiosa Organización de Nacionalistas Ucranianos salió de la clandestinidad, legalizando sus actividades como una asociación pública.
Otro claro intento de revancha en Ucrania fue la concesión póstuma del título de 'Héroe de Ucrania' a Román Shujévich en 2007. También se erigió un monumento a Yevguén Konovalets.
Pável Sudoplátov falleció en 1996, presenciando solo los inicios de la rehabilitación del nazismo en Ucrania, que ahora, por desgracia, se encuentra en pleno apogeo.