En el marco de la renegociación del T-MEC, EE.UU. le estaría demandando a México nuevas y más estrictas normas para expulsar definitivamente del mercado norteamericano las autopartes fabricadas en China, reporta Financial Times, que cita fuentes familiarizadas con las conversaciones.
En particular, el Gobierno del presidente Donald Trump estaría condicionando la eliminación de los aranceles sobre los vehículos fabricados en territorio mexicano – incluidos componentes electrónicos procedentes de China– a la incorporación de más piezas de factura norteamericana.
Las metas serían elevar la proporción de componentes regionales por encima de 80 % y conseguir que el 50 % de los componentes de los automóviles fabricados por los tres países, provengan de EE.UU.
Uno de los informantes dijo a FT que, en 2020, Trump puso sobre la mesa exigencias idénticas, pero no consiguió que se incluyeran en la versión final del acuerdo. Sin embargo, en esta oportunidad, Washington tendría más margen para presionar a las autoridades mexicanas, pues congresistas y expertos comerciales estadounidenses arguyen que su vecino del sur se ha convertido en una suerte de "puerta trasera" para que Pekín eluda las restricciones de EE.UU.
A contrapelo de lo que aseveran esos sectores, el Gobierno mexicano ha adoptado medidas diametralmente opuestas, que incluyen pechajes elevados a productos chinos como los vehículos, la implementación de un mecanismo de inversiones y planes para fomentar la producción nacional.
FT valoró que si la determinación estadounidense logra imponerse, puede resultar contraproducente para que los fabricantes que opten por la importación de autopartes desde el país asiático, reclamen la exoneración de tarifas a partir del pacto comercial que recompensa a las compañías que fabrican sus insumos en México, EE.UU. o Canadá.
Pese a ello, el medio especializado consideró que si llegara a concretarse, podría transformar sustancialmente el sector automovilístico en América del Norte, que actualmente produce unos 15 millones de vehículos al año, y tanto México como Canadá podrían beneficiarse de un eventual desacople estadounidense del mercado chino.
Panorama sombrío
Esas conversaciones se están sucediendo mientras se aproxima el 1 de julio, cuando los tres países deberán decidir si optan por renovar el pacto comercial suscrito en 2020 por otros 16 años o sí, por lo contrario, entran en una fase de revisiones anuales.
A ello se suma que, desde la vuelta de Trump a la Casa Blanca, Washington ha optado por una política agresiva hacia sus vecinos, al usar los aranceles como arma comercial, mientras que los responsabiliza por su supuesto rol en el tráfico de sustancias ilícitas –especialmente fentanilo– y el arribo masivo de migrantes sin documentos a territorio estadounidense. Las penalizaciones incluyen tarifas del 25 % a las importaciones de acero y aluminio.
Pese a la alta imbricación de las tres economías y a la inminencia de la fecha tope, informantes cercanos a las negociaciones advirtieron a FT que es poco probable que las partes alcancen un acuerdo satisfactorio en los próximos meses.
No obstante, afirmaron que funcionarios estadounidenses ya han acudido a la Ciudad de México para dialogar y que planean hacerlo durante todo el verano. En contraste, las conversaciones formales de EE.UU. con Ottawa, ni siquiera han iniciado.
En adenda, Trump ha vuelto a levantar el hacha de la seguridad y de la lucha contra los cárteles para intentar disuadir a la presidenta Claudia Sheinbaum de permitir el ingreso de tropas estadounidenses.
Asimismo, el Departamento de Justicia de EE.UU. reveló acusaciones contra miembros del partido de Sheinbaum por delitos relacionados con el narcotráfico y demandó su extradición. Ella se negó, argumentando que no se han presentado pruebas sólidas sobre los presuntos ilícitos, al tiempo que defendió la puesta en marcha de investigaciones locales para esclarecer los señalamientos.
De acuerdo con FT, la mayor parte de quienes han presenciado las negociaciones aseguran que es poco probable que los tres países mantengan relaciones comerciales libres de aranceles. En tal escenario, México y Canadá tendrían que aceptar ciertas restricciones en sus relaciones comerciales con EE.UU.