La secta de asesinos en serie que usó la "magia" para matar a niños en Brasil

La investigación judicial acreditó un saldo de 18 víctimas entre fallecidos, sobrevivientes y cinco menores desaparecidos.

Entre 1989 y 1993, los miembros de la secta religiosa Lineamiento Universal Superior (LUS), de carácter místico y ufológico, sembró el terror y la impunidad en Altamira, una comunidad del interior del estado de Pará, al norte de Brasil, al perpetrar una terrible ola de crímenes de tortura, desmembramiento y asesinato de una multitud de niños.

La investigación judicial acreditó un saldo de 18 víctimas entre fallecidos, sobrevivientes y cinco menores desaparecidos. Sin embargo, la perseverancia de las familias y la confesión de tres sobrevivientes permitió romper el silencio sobre la red criminal que operaba bajo el velo del esoterismo, reseña un reporte académico sobre el caso.

Detrás de esas prácticas rituales con la que buscaban beneficios económicos y personales, operaba una estructura organizada que elegía a sus víctimas con frialdad en Brasil. Los integrantes de la secta, que también tuvo sede en Argentina, capturaban a niños de entre 8 y 13 años para someterlos a torturas y mutilaciones. Entre los menores asesinados están: Jaenes da Silva Pessoa, Klebson Ferreira Caldas, Otoniel Bastos Costa, Vandiclei de Oliveira Pinheiro, Jurdiley da Cunha Chipaia y Flávio Lopes da Silva.

La revelación de la oscura trama sacudió al país al quedar expuesta la participación de prominentes figuras de la sociedad local. El grupo integraba a médicos que ejecutaban las castraciones, comerciantes y miembros de las fuerzas de seguridad. A pesar de la crueldad de los ataques, tres niños lograron sobrevivir y sus testimonios resultaron cruciales para esclarecer los hechos en los tribunales. Sin embargo, todos fueron víctimas de mutilación de sus genitales.

Las familias y las víctimas tuvieron que esperar una década para conseguir de algún modo algo de justicia sobre los terribles hechos cometidos contra los niños. En 2003, el tribunal de Pará dictó sentencia para los principales responsables de esta barbarie. El médico Anísio Ferreira de Souza recibió una pena de 77 años de prisión, mientras que su colega ginecólogo Césio Flávio Caldas Brandão y el comerciante José Amadeus Gomes fueron condenados a 56 años de cárcel cada uno. Asimismo, la justicia impuso 32 años de reclusión al hacendado Amaílton Madeira Gomes y 35 años al expolicía Carlos Alberto Santos Lima. En tanto, el excabo policial Aldenor Ferreira Cardoso jamás compareció por encontrarse prófugo de la justicia y se presume que habría muerto.

En el proceso también cayó Valentina de Andrade, la sacerdotisa de 65 años que lideraba LUS y quien fue capturada en un fallido intento de escape cuando pretendía abordar un vuelo comercial hacia Argentina para eludir el banquillo de los acusados. Sin embargo, fue absuelta de los cargos debido a que el tribunal determinó que la fiscalía no presentó pruebas materiales suficientes que demostraran su participación directa o autoría intelectual en los crímenes. La mujer vivió en libertad durante casi dos décadas y murió a los 91 años, el 31 de diciembre de 2022, en la ciudad de Londrina, en Paraná, al extremo sur de Brasil, a más de 3.095 kilómetros de distancia de Altamira, indicó el medio local G1.