El agente soviético que seducía a las esposas de políticos alemanes y obtenía secretos del Tercer Reich

El oficial de inteligencia soviético Fiódor Parpárov pasó a la historia de los servicios secretos como maestro del reclutamiento de agentes femeninas. Gracias a su atractivo físico y su excepcional inteligencia, sedujo fácilmente a esposas de altos funcionarios del Tercer Reich.

Debido al deterioro de la situación política interna en Alemania a principios de la década de 1930, el jefe de la inteligencia exterior de la URSS, Artur Artúzov, decidió intensificar sus operaciones clandestinas en este país. El oficial de inteligencia ilegal Fiódor Kárpovich Parpárov, que ya había trabajado en Alemania, fue enviado a Berlín.

Sus claves del éxito: atractivo sexual y dominio de idiomas, además de intelecto 

Hasta 1925, la vida de un niño nacido en el seno de una familia judía en la ciudad de Vélizh en 1893 transcurrió sin acontecimientos particularmente notables. Sirvió en el Ejército Rojo durante la guerra civil y estudió en la Universidad Estatal de Moscú, donde se destaca por un importante detalle: dominaba el alemán, el inglés, el español y el francés.

Su excepcional dominio de idiomas extranjeros propició su reclutamiento por la OGPU, así se llamaba entonces el servicio de seguridad estatal. Tras recibir la formación necesaria, en 1925 fue enviado a Berlín como agente bajo una 'cobertura' oficial del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior.

"Un oficial educado y culto. Tiene una apariencia muy atractiva, sabe cómo seducir a las mujeres y tuvo muchas relaciones íntimas antes del matrimonio. Su esposa, Raisa Iósifovna, es judía y muy devota de su marido. Parpárov puede ser utilizado para reclutar agentes ilegales, principalmente mujeres", describen en archivos desclasificados de los servicios secretos de la URSS, según el periodista e historiador soviético-estadounidense Marc Steinberg.

Aparentemente, basándose en este alto atractivo sexual de Parpárov, el mando lo orientó a reclutar mujeres. Su esposa y su hijo de un año, Lev, permanecieron en la Unión Soviética durante su primera 'misión' en el extranjero. Cuando llegó a Berlín, Fiódor Parpárov tenía 32 años y gozaba de un encanto irresistible para las mujeres.

Vestía con elegancia y se desenvolvía con seguridad con cualquier compañía. Era un conversador sumamente ameno, gracias a su fluidez en cuatro idiomas europeos. El éxito de Parpárov entre la élite berlinesa, a la que pronto se integró, se vio reforzado por el hecho de que la recién concluida Primera Guerra Mundial había segado la vida de una parte importante de los hombres alemanes. Eran muy apreciados en todos los círculos, y los hombres de élite como Fiódor Parpárov, particularmente.

Los espías se valoran por su discreción y modestia. Parpárov era una excepción. Explotó abiertamente su atractivo masculino, lo que rápidamente le permitió obtener los resultados deseados.

En 1929, el 'Centro' (el mando central, según la jerga profesional de servicios secretos) decidió convocar a Parpárov de regreso a Moscú para su reentrenamiento y posterior despliegue en Alemania como agente de inteligencia clandestino.

Joven empresario y pediodista en busca de una 'colaboradora'

En 1930, Parpárov regresó a Berlín, esta vez junto con su esposa e hijo. Según la 'leyenda de encubrimiento' elaborada por el 'Centro', se declaró desertor, anunciando su ruptura con el poder soviético. Pronto obtuvo un permiso de residencia, primero como apátrida, y luego el pasaporte rumano. Para legalizar sus actividades, Parpárov abrió una oficina de exportación en Berlín.

Posteriormente, inauguró sucursales en varios países europeos, así como en el norte de África, Turquía, Irán y Afganistán, algo que le proporcionó una cobertura fiable para sus misiones de inteligencia. Luego de establecerse en Berlín en calidad de empresario de nivel medio, Parpárov se presentaba ante su entorno como un joven hombre de negocios bastante exitoso que también ejercía de periodista.

Pero incluso desde esta perspectiva, establecer contactos estables entre políticos, altos mandos militares y funcionarios civiles de interés para el servicio de inteligencia resultaba problemático.

El 'James Bond' soviético empieza a actuar

Parpárov decidió intentar contactarse con la élite alemana a través del personal técnico que les prestaba servicio. Con este fin, a mediados de 1931, publicó el siguiente anuncio en un periódico berlinés: "Un joven empresario busca una socia con quien compartir tiempo y que le ayude en su trabajo periodístico. Se garantiza total confidencialidad", relató Vladímir Antónov, un experto en historia de la inteligencia exterior soviética y coronel retirado de este servicio.

Dos semanas más tarde, Parpárov recibió una carta de respuesta. Allí, una mujer desconocida escribía: "Me gustaría conocerle, si es tan discreto como promete. Pertenezco a lo mejor de la sociedad de Berlín y con gusto se la presentaré cuando nos veamos. Estoy casada, pero a menudo estoy sola porque soy demasiado sincera. Usted mismo debe decidir si quiere conocerme. En cuanto me responda, sabrá quién soy. Por supuesto, la confianza es fundamental".

La oferta era prometedora. Al oficial de inteligencia soviético le intrigó especialmente la mención de pertenecer a "lo mejor de la sociedad de Berlín" y decidió actuar. Parpárov llamó al número que figuraba en la carta y concertó una cita. Así pues, los jóvenes se encontraron en un café. Se entabló una animada conversación que duró bastante tiempo. Una mujer elegante y atractiva, de unos 30 años, habló con franqueza de su vida, su familia y la sociedad berlinesa. Con respecto a su marido (20 años mayor que ella), comentó su insensibilidad, distanciamiento y tacañería, así como su constante preocupación por los asuntos oficiales. Al final de la conversación, tras cierta vacilación, la mujer confesó que su esposo era un alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, uno de los ayudantes del propio ministro. 

A pesar de que Marta (así figuraba la mujer en documentos de los servicios secretos soviéticos, pues su verdadero nombre se desconoce, aunque posiblemente se llamara Augusta) era la cónyuge de un diplomático alemán de alto rango, el 'Centro' no le encargó al oficial de inteligencia que gestionara el acceso a los documentos del marido.

Mientras tanto, los encuentros de Fiódor con la alemana continuaron, y la confianza de Marta en él fue incrementándose. Poco después, el agente informó al 'Centro': "Nuestra relación con Marta se ha fortalecido significativamente, pero es difícil discernir los matices debido a nuestra extrema cautela".

Posteriormente, Fiódor, con el pretexto de que lo ayudara en su labor periodística, le pidió a Marta que preparara un informe basándose en material de su marido para una sesión de la Liga de las Naciones en la que participaría como miembro de la delegación alemana. Ella redactó el reporte y se lo entregó. La información, enviada a Moscú, fue valorada positivamente por el 'Centro'.

Tiempo más tarde, el 'Centro' autorizó el reclutamiento de Marta bajo una operación de 'falsa bandera'. Ella aceptó sin dudar la propuesta de Fiódor de ganar dinero vendiéndole documentos de su esposo a un país extranjero. En un informe al 'Centro', el agente escribió: "Sin resistencia de su parte, se acordó que Marta extraería documentos del expediente de su marido o los reescribiría [...] Se le dieron 400 marcos para tratamiento médico".

Con el objetivo de mejorar la seguridad en sus labores, Fiódor habló con Marta de la posibilidad de volver a fotografiar la documentación que su cónyuge llevaba a casa para trabajar. Se compró una cámara y el agente le enseñó a utilizarla. Para ocultar que tenía el aparato fotográfico, Marta empezó a hablar en público de su pasión por el arte de la fotografía.

Por esa época, los nazis habían llegado al poder en Alemania y estaban iniciando preparativos masivos para la guerra. La información que Marta proporcionó indicaba claramente que la Unión Soviética sería el principal objetivo de la agresión alemana en Europa. En este sentido, el material documental que recibió fue adquiriendo una importancia creciente. El marido de Marta dependía directamente del ministro de Asuntos Exteriores, asistía a las reuniones del personal superior del ministerio e incluso, en ocasiones, a reuniones con Hitler. Conocía bien las directivas del Tercer Reich. A menudo compartía con ella los asuntos que le preocupaban, le mostraba documentos y analizaban su contenido.

Marta rechazaba el fascismo y criticaba la colaboración de su esposo con el régimen de Hitler, motivada principalmente por intereses profesionales.

El arresto del agente y la separación de los amantes

Todo se derrumbó en febrero de 1938, cuando Parpárov fue llamado de urgencia a Moscú tras la deserción de Válter Krivitski, un general de la inteligencia militar soviética (GRU) y responsable de operaciones secretas en Europa Occidental, a quien había conocido personalmente. La familia del 'ciudadano costarricense' permaneció en Berlín.

Fiódor ni siquiera tuvo tiempo de despedirse como es debido de su amante. Solo dejó palabras de amor, una contraseña y la promesa de regresar en cuanto tuviera la oportunidad.

Dos meses después del regreso, fue arrojado a los sótanos de la prisión interior de la Lubianka (sede central de NKVD y del Servicio de Seguridad Estatal), acusado de espiar para Alemania. Esto ocurrió el 27 de mayo. Y hasta junio de 1939 —¡un año entero!— Parpárov fue sometido a constantes interrogatorios e incluso torturas.

Muchos detenidos durante estas purgas terminaban firmando informes de interrogatorio en base a los que luego eran condenados a muerte y fusilados casi en acto. Parpárov lo resistió todo, no firmó nada y, gracias a eso, sobrevivió. El nuevo jefe del NKVD, Lavrenti Beria, marcó su llegada liberando de la prisión a algunos oficiales de inteligencia y comandantes militares supervivientes. Si bien eran pocos, entre ellos estaba Fiódor Parpárov.

A pesar de su liberación, Fiódor fue destituido del servicio y, hasta diciembre de 1939, trabajó como abogado en una fábrica de artículos de papelería de Moscú.

El nuevo jefe de la Dirección de Inteligencia Exterior del NKVD, Pável Fitin, el legendario jefe de la inteligencia exterior soviética en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, ante la grave escasez de profesionales de la inteligencia, insistió en readmitir a Parpárov, ascendiéndolo al rango de mayor del Servicio de Seguridad del Estado, equivalente al de coronel del Ejército.

Marta, una fiel amante

Volvamos a Marta. A lo largo de más de dos años, no tuvo noticias de su amado. Consciente de la represión en la URSS, sospechaba que Fiódor se había visto afectado.

Mientras tanto, Parpárov, que regresó al Departamento de Inteligencia Exterior, planteó repetidamente la cuestión de restablecer los contactos con Marta, insistiendo en la necesidad de que lo destinaran a Berlín. Sin embargo, no gozaba de la plena confianza y solo lo utilizaban para asuntos internos.

Para restablecer el contacto con la alemana, enviaron a Berlín a Yelizaveta Zarubina, experimentada oficial de inteligencia apodada 'Vardo' y esposa del prominente oficial de la inteligencia clandestina soviética Vasili Zarubin. La elección del 'Centro' no fue casual: 'Vardo' tenía una amplia experiencia trabajando en Francia y Alemania. Ella llevó una carta de Fiódor, escrita por él en la prisión interna del NKVD en la Lubianka.

Sin embargo, Marta sospechaba que la carta no había sido escrita por el agente, ya que estaba mecanografiada: los verdugos que interrogaban al oficial arrestado le hirieron las manos, dejándolo incapacitado para escribir. Marta le dio un ultimátum a 'Vardo' para que convocara inmediatamente a Fiódor a Berlín para una reunión con ella.

Naturalmente, esta exigencia era imposible de cumplir. Por lo tanto, 'Vardo' le dijo a Marta que Parpárov estaba a punto de ser enviado a trabajar a un país del que no podría viajar a Berlín por varios años. Marta respondió que solo confiaba en Parpárov y que desconfiaba de las indiscreciones de gente desconocida. Sin embargo, 'Vardo' logró convencerla de que era seguro reunirse con ella. El hecho de que la espía hablara alemán con fluidez también influyó.

Como resultado, se reanudó el flujo de información importante proveniente de Marta. Desafortunadamente, eso no duró mucho. Marta continuó exigiendo un encuentro con Fiódor y comenzó a evitar el contacto con la 'enviada' de los servicios secretos de la URSS.

Solo se estableció una conexión estable con esta valiosa agente después de que recibiera una carta manuscrita de Parpárov. En la misiva, le pedía que no se preocupara, que confiara en 'Vardo' y que no rechazara el contacto con ella. Marta continuó colaborando con la inteligencia soviética, su información era muy valorada en Moscú y los amantes se intercambiaron de varios mensajes.

En vísperas del ataque alemán a la Unión Soviética, las comunicaciones de Marta con la inteligencia soviética se interrumpieron definitivamente.

El destino de Parpárov, sus amantes y su familia

Por mucho tiempo, no se supo nada de la suerte que había corrido Marta. Solo luego de la guerra, Alexánder Korotkov, un oficial de inteligencia exterior del NKVD en Alemania, determinó que, durante un bombardeo de la Fuerza Aérea británica sobre Berlín, su frágil psique había colapsado. Marta se enfermó y fue ingresada en un hospital psiquiátrico, del que nunca salió.

A finales de 1940, Parpárov viajó a Estonia, donde retomó contacto con Elsa, una de las agentes que había reclutado previamente en el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán. Ella le había informado, entre otras cosas, de la concentración de fuerzas armadas alemanas en el sureste y transmitido otros datos valiosos al oficial de inteligencia. De particular importancia era la información sobre el despliegue de tropas alemanas en la frontera con Yugoslavia. Esta agresión contra el país balcánico retrasó en tres semanas el ataque alemán a la Unión Soviética.

La colaboración activa con Elsa continuó hasta la primavera de 1941. Más tarde se supo que Elsa, al igual que Marta, había sufrido una grave conmoción cerebral en un bombardeo de aviones británicos a Berlín y falleció en la zona de ocupación estadounidense. En octubre de ese mismo año, Parpárov fue reincorporado al servicio de inteligencia exterior y enviado a Suiza como agente ilegal a través de Irán. Sin embargo, en abril de 1943, tuvo problemas con su visa suiza y se vio obligado a regresar a Moscú.

Posteriormente, Parpárov pudo convencer al mariscal de campo Friedrich Paulus, quien tras la derrota de su Ejército en Stalingrado fue hecho prisionero y vivió con algunos oficiales de alto rango en una casita cerca de la ciudad de Súzdal, a intervenir en los Juicios de Núremberg y revelar detalles de la operación Barbarroja, de agresión contra la URSS.

Como destacado experto en Alemania, luego de la guerra, Parpárov participó en los preparativos de la Conferencia de Potsdam y los Juicios de Núremberg. En la causa, presentó al mariscal de campo Paulus ante los jueces internacionales, causando gran revuelo entre los periodistas presentes.

En Núremberg, Parpárov se encontró por casualidad con su hijo Lev, quien desempeñaba funciones de traductor en el proceso, y se enteró por él de la muerte de su esposa. Fiódor buscó rastros de Marta, con la esperanza de encontrarla, pero en 1946 ya había recibido información precisa sobre cómo había vivido ella sin él, cómo había muerto y dónde había sido cremada.

Luego, participó en eventos relacionados con la organización de las autoridades de ocupación en Alemania.

A mediados de la década de 1950, Fiódor Kárpovich se retiró. Hasta su muerte, en 1959, dirigió la cátedra de Formación Militar en la Universidad Estatal de Moscú.