Morir de felicidad parece no ser solo una frase suelta o una metáfora para hablar la dicha que puede sentir una persona ante un momento determinado de su vida. Un reciente estudio médico demostró que esa alegoría puede convertirse en realidad y que la posibilidad de que ocurra, aunque rara, es cierta.
Una investigación publicada a inicios de julio en la revista científica Oxford Medical Case Reports por un equipo de investigadores liderado por el doctor Laith Rhabneh, documentó la historia de una mujer de 65 años que sufrió una afección cardíaca grave tras experimentar una alegría desmedida en la boda de su hija. Tanto, que tres días después de la celebración, la paciente ingresó a urgencias con dolor torácico de tipo angina y dificultad para respirar ante cualquier esfuerzo físico.
En la evaluación inicial de atención primaria, el electrocardiograma mostró una elevación del segmento ST en las derivaciones anterolaterales, un indicador característico de infarto agudo. Ante este hallazgo, los médicos la remitieron de emergencia a un centro hospitalario de mayor nivel. Al llegar al departamento de emergencias de esta segunda institución, el nuevo examen reveló la resolución de la elevación del ST, pero mostró la prolongación del intervalo QT —que mide el tiempo de recarga del corazón— y la inversión de la onda T.
Posteriormente, una angiografía coronaria descartó obstrucciones o coágulos en las arterias epicárdicas. En su lugar, el ventriculograma izquierdo y el ecocardiograma evidenciaron un patrón de acinesia (falta de contracción en la pared muscular) y abultamiento en la zona apical del corazón. La fracción de eyección de la paciente cayó drásticamente de 58 % previo a 35 %, mientras que los análisis de sangre mostraron niveles elevados de troponina y de péptido natriurético pro-B, biomarcadores sanguíneos que indican estrés, esfuerzo o daño en el músculo cardíaco.
Mediante una resonancia magnética cardíaca, los especialistas descartaron edema, fibrosis o infarto, para confirmar el diagnóstico con los criterios de la Clínica Mayo de EE.UU. De esa forma, los expertos indicaron que este cuadro clínico corresponde a la miocardiopatía de Takotsubo (TCM), conocida popularmente como el 'síndrome del corazón roto' cuando la causa es un evento traumático. Sin embargo, cuando el detonante es un acontecimiento de intensa alegría, la afección se clasifica como "síndrome del corazón feliz" (HHS, por sus siglas en inglés).
Una variante inusual
Esta variante fue descrita por primera vez por la doctora Jelena-Rima Ghadri y su equipo en 2016, al demostrar que las emociones positivas extremas también pueden desencadenar una disfunción sistólica transitoria en el ventrículo izquierdo. Aunque el primer caso documentado de Takotsubo data de 1983 en el Hospital de la ciudad de Hiroshima, Japón, el síndrome del corazón feliz se mantiene como una variante sumamente inusual.
Los estudios estiman que entre 1 % y 3 % de los pacientes sospechosos de sufrir un síndrome coronario agudo padecen en realidad Takotsubo, y de ese grupo apenas 4,1 % de los casos se origina por emociones agradables. La causa principal de este colapso radica en una sobrecarga masiva de catecolaminas y la activación del sistema nervioso simpático sobre el tejido cardíaco.
La similitud clínica entre esta respuesta emocional y un infarto real representa un reto para el personal médico, que con frecuencia pasa por alto el diagnóstico preciso ante la ausencia de un factor de estrés negativo. Además de la forma apical vista en este caso, la variante por felicidad suele presentarse con abultamientos en la zona media o basal del ventrículo. Los autores del reporte advirtieron sobre la importancia de mantener la sospecha clínica frente a este tipo de síntomas, incluso en pacientes sin factores de riesgo convencionales o sin eventos traumáticos recientes.
A pesar del susto y la gravedad del cuadro inicial de la paciente estudiada, los expertos indicaron que la evolución de este síndrome suele ser favorable y reversible con el tratamiento médico adecuado. Así ocurrió con la mujer, quien tras recibir terapia guiada por las pautas clínicas en la unidad de insuficiencia cardíaca, logró recuperar su fracción de eyección hasta 56 % y retomó sus actividades diarias sin limitaciones para vivir ahora con toda normalidad.









